El periodismo no se celebra. Se ejerce.

El 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, suele llenarse de discursos, reconocimientos y mensajes que exaltan el valor de informar. Pero detrás de esa narrativa hay una realidad menos cómoda: Ejercer el periodismo en México —y en buena parte de América Latina— sigue teniendo un costo alto. A veces profesional. A veces económico. Y en los casos más extremos, un costo de vida.

Hablar de libertad de prensa no es hablar de un derecho abstracto. Es hablar de condiciones concretas. De riesgos reales. De límites visibles e invisibles.

Y hoy, esas condiciones siguen siendo profundamente desiguales.

Los números que no deberían existir

El dato es contundente: en 2024, al menos 54 periodistas fueron asesinados en el mundo, además de decenas de secuestros y más de 500 encarcelamientos, según Reporteros Sin Fronteras. En el 2025 fueron asesinados 129 periodistas y trabajadores de medios en gran medida por conflictos armados.

Otros organismos, como la UNESCO, elevan la cifra a 68 periodistas asesinados en cumplimiento de su labor solo en el 2024.

América Latina no está al margen. Entre 2017 y 2025, 142 periodistas fueron asesinados en la región y al menos 51 desaparecieron.

Y en ese mapa, México ocupa un lugar incómodo.

En 2024, el país registró cinco asesinatos de periodistas, convirtiéndose nuevamente en el más peligroso de América Latina para ejercer la profesión. Seis periodistas muertos en 2025 vinculados al cumplimiento de su labor informativa

No es una cifra aislada. Es una tendencia.

Y es, sobre todo, una señal.

El periodismo bajo presión

Pero la violencia es solo una parte del problema. La más visible. La más brutal.

Existe otra presión menos evidente, pero igual de determinante: las condiciones en las que se ejerce el oficio.

En América Latina, cientos de periodistas han tenido que abandonar sus países o desplazarse internamente. Solo entre 2018 y 2024, más de 900 periodistas se exiliaron en la región.

No todos huyen de amenazas directas. Muchos lo hacen por un entorno que se vuelve inviable: Presiones económicas, persecución judicial, estigmatización pública o falta de condiciones para trabajar.

El resultado es el mismo: menos voces. Menos información. Menos pluralidad.

La precariedad como norma

Hay una dimensión del periodismo que rara vez se menciona en los discursos del 3 de mayo: La económica.

El periodismo en México y América Latina vive una transformación profunda. Y en muchos casos, dolorosa.

Redacciones más pequeñas.
Medios que desaparecen.
Contratos precarios.
Colaboradores sin seguridad social.

No hay una cifra única, pero el fenómeno es claro: La crisis del modelo tradicional de medios ha dejado a miles de periodistas fuera del sistema formal.

A nivel global, incluso en países desarrollados, la precariedad laboral ha sido señalada como uno de los factores que debilitan la libertad de prensa.

Porque un periodista sin estabilidad no es necesariamente un periodista libre.

El nuevo ecosistema: Todos informan, pocos verifican

A este escenario se suma otro desafío: la transformación digital.

Hoy, cualquiera puede publicar. Y eso, en principio, es positivo. Democratiza la información.

Pero también genera un terreno desigual.

Porque el periodista profesional —formado, con método, con ética— compite en el mismo espacio que quien simplemente replica información sin verificarla.

La inmediatez ha sustituido al rigor.
La viralidad ha desplazado al contexto.

Y en ese entorno, el periodismo pierde terreno frente al contenido.

No se trata de una discusión elitista. Se trata de una diferencia fundamental: Informar no es lo mismo que opinar. Ni que repetir.

Y cuando esa línea se borra, la calidad de la información también se diluye.

Territorios donde informar es resistir

En México, hay zonas donde el periodismo no solo es difícil: Es riesgoso.

La presencia del crimen organizado en diversas regiones del país ha generado lo que muchos periodistas conocen —aunque pocas veces se diga abiertamente— como “zonas de silencio”.

Lugares donde ciertos temas no se cubren.
Donde ciertas historias no se publican.
Donde informar implica exponerse.

No es una política escrita. Es una realidad entendida.

El periodista aprende a leer el entorno. A medir el riesgo. A decidir qué se puede decir y cómo decirlo.

Y en ese proceso, la libertad se vuelve relativa.

La impunidad: El verdadero problema

Si hay un dato que explica gran parte del problema, es este: La impunidad.

En México, la mayoría de los casos de agresiones contra periodistas no se resuelven. No se castigan. No llegan a una conclusión.

Y eso envía un mensaje claro.

Cuando agredir a un periodista no tiene consecuencias, el riesgo aumenta. No para uno. Para todos.

La libertad de prensa no se garantiza solo con leyes. Se garantiza con justicia.

Lo que se ha hecho… y lo que falta

Sería injusto no reconocer avances.

Existen mecanismos de protección para periodistas.
Hay marcos legales que reconocen el derecho a la información.
Se han abierto espacios de transparencia institucional.

Pero también es evidente que los desafíos persisten.

Falta fortalecer los mecanismos de protección.
Falta mejorar la coordinación entre autoridades.
Falta garantizar investigaciones eficaces.
Falta generar condiciones laborales dignas.

Y falta algo aún más complejo: construir una cultura donde el periodismo sea respetado.

La libertad que importa

La libertad de prensa no es un privilegio del periodista.

Es un derecho de la sociedad.

Porque una sociedad mal informada es una sociedad vulnerable. Manipulable. Fragmentada.

El periodismo no es perfecto. Pero sigue siendo una de las herramientas más importantes para entender la realidad.

Y para cuestionarla.

Al final

El 3 de mayo no debería ser solo una fecha de celebración.

Debería ser un recordatorio.

De los periodistas que ya no están.
De los que trabajan en condiciones difíciles.
De los que han tenido que irse.
De los que siguen, todos los días, haciendo su trabajo.

Porque ejercer el periodismo en México no es solo informar.

Es resistir.

Y mientras esa resistencia exista, la libertad de prensa seguirá siendo posible.

Aunque todavía no sea plena.