Ciudad Obregón, Sonora.- El Día de Muertos tiene un significado especial para distintas comunidades indígenas de Sonora, donde las creencias sobre la vida después de la muerte se expresan mediante rezos, ofrendas, reuniones familiares y visitas a los panteones.

Una de las manifestaciones más representativas es el tapanco, una estructura elevada que sirve como ofrenda para recibir a los seres queridos fallecidos. A diferencia de los altares que suelen colocarse dentro de las viviendas, estas estructuras se levantan en espacios abiertos, como los patios de las casas.

Dependiendo de la comunidad, se utilizan materiales como mezquite, álamo, batamote, palmas y carrizo. Sobre la plataforma se colocan alimentos, bebidas, frutas, flores y otros elementos relacionados con las costumbres de cada familia.

La altura del tapanco tiene un sentido espiritual para algunas comunidades, pues se considera que las ánimas no deben tocar el suelo. Esta práctica forma parte de una herencia cultural transmitida entre generaciones.

Los yaquis: rezos, ofrendas y danzas

Tapanco yaqui preparado para recibir a las ánimas

Para el pueblo yaqui o yoeme, el Día de Muertos forma parte de una celebración conocida como Tolosanto, en la que las familias preparan sus hogares para recordar a quienes fallecieron.

Los preparativos comienzan desde octubre, cuando se realizan rezos y se levantan las estructuras donde se colocarán las ofrendas. El tapanco se construye con postes de mezquite o álamo y una plataforma de varas de batamote.

Entre los elementos que pueden encontrarse están las flores naturales y de papel, frutas, agua, veladoras, pan dulce y platillos tradicionales como el wakabaki, un caldo de res con verduras. También pueden ofrecerse tortillas de harina, tamales, frijoles y otros alimentos que formaron parte de la vida cotidiana de la familia.

Durante estas fechas, las familias participan en ceremonias religiosas y acuden a los panteones para rezar y recordar a sus difuntos. Las danzas de matachines también forman parte de las expresiones ceremoniales de algunas comunidades.

Estas prácticas combinan creencias religiosas y elementos culturales propios del pueblo yaqui, con variaciones según la localidad y las costumbres familiares.

Los mayos: tapancos, rezos y velaciones

Ofrenda tradicional mayo o yoreme levantada en un patio

En las comunidades mayo o yoreme, las celebraciones en honor a los difuntos también forman parte de la identidad cultural. Las familias preparan tapancos para colocar alimentos y bebidas que recuerdan los gustos de sus seres queridos.

Las estructuras suelen elaborarse con horcones de mezquite y carrizo. Sobre ellas se distribuyen frutas, flores y ofrendas, de acuerdo con las costumbres de cada hogar.

Los rezos y las visitas al cementerio tienen un papel importante durante los primeros días de noviembre. En algunas localidades se realizan velaciones y reuniones para acompañar a las ánimas, mientras que las flores, coronas y veladoras forman parte de los homenajes.

La tradición también permite reunir a varias generaciones alrededor de una práctica compartida: los mayores transmiten a los más jóvenes el significado de las ofrendas y las formas de recordar a quienes ya no están.

Aunque los mayos comparten con los yaquis el uso del tapanco, cada comunidad conserva sus propias particularidades en la elaboración de las ofrendas y el desarrollo de sus ceremonias.

Los guarijíos también conservan sus costumbres

Ofrenda tradicional de la comunidad guarijía de Sonora

El pueblo guarijío o makurawe, asentado principalmente en la región serrana de Sonora, conserva prácticas relacionadas con el recuerdo de sus difuntos.

En algunas comunidades, los preparativos comienzan desde finales de octubre, con la construcción de tapancos en los que se colocan alimentos, bebidas, flores y otros elementos destinados a honrar a las personas fallecidas.

Los materiales pueden ser mezquite, palma y carrizo, mientras que las ofrendas se preparan conforme a las creencias de cada familia. Las visitas al panteón y las veladoras forman parte de las expresiones de recuerdo durante estas fechas.

Sin embargo, sus prácticas no deben confundirse con las de otros pueblos indígenas. Las ceremonias guarijías tienen características propias, relacionadas con su historia, su entorno serrano y sus creencias espirituales.

La conservación de estas costumbres permite que las nuevas generaciones conozcan la manera en que sus antepasados entendían la muerte y el vínculo entre quienes permanecen vivos y quienes han fallecido.

No todos los pueblos originarios celebran igual

Comunidad cucapá de Sonora y su patrimonio cultural

La diversidad cultural de Sonora también se observa en comunidades que mantienen concepciones diferentes sobre la muerte. Por ello, no todos los pueblos originarios realizan las mismas ceremonias ni siguen el calendario tradicional del 1 y 2 de noviembre.

El pueblo cucapá, que habita en la región del río Colorado, conserva creencias y prácticas funerarias propias. Las fuentes del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas describen rituales relacionados con el fallecimiento en los que se realizaban velaciones, cantos y danzas para expresar el duelo.

En sus tradiciones también existen creencias sobre el destino de las almas y la relación de los seres humanos con los espacios sagrados. Estas diferencias muestran que la muerte tiene significados diversos dentro de los pueblos indígenas de la región.

Fuente: Tribuna del Yaqui