Hermosillo, Sonora.- En el estado de Sonora, buena parte de las lluvias de verano está relacionada con el monzón mexicano, fenómeno que suele establecerse entre junio y julio y extenderse hasta septiembre. De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), alrededor del 65 por ciento de las precipitaciones anuales de la región noroeste está asociado con este patrón climático.

Para zonas de Sonora, Chihuahua y Durango, los registros climatológicos del periodo julio-septiembre rondan los 300 milímetros, aunque la distribución cambia de acuerdo con la zona y las condiciones atmosféricas de cada año.

El comportamiento de este fenómeno vuelve a cobrar relevancia durante agosto de 2026. El SMN reportó esta semana que el monzón mexicano, junto con otros sistemas atmosféricos, está generando lluvias intensas en regiones de Sonora, con posibilidad de acumulados elevados durante periodos relativamente cortos.

Ayuda al campo y al medio ambiente

La lluvia es un recurso de gran valor para un estado donde el agua representa uno de los principales retos para las actividades productivas. Una temporada con precipitaciones favorables puede disminuir la presión sobre las fuentes destinadas al consumo humano, la agricultura y la ganadería, además de mejorar las condiciones del suelo y de los agostaderos.

La información de Conagua sobre los acuíferos sonorenses muestra que la precipitación y la infiltración de escurrimientos forman parte de los procesos que permiten la recarga subterránea. En algunos sistemas, una fracción de la lluvia que cae en zonas altas puede infiltrarse por el terreno y desplazarse hacia las áreas de explotación de agua subterránea.

El beneficio también alcanza al sector agropecuario. Sonora mantiene una importante actividad agrícola y ganadera, por lo que una mayor disponibilidad de agua puede representar mejores condiciones para cultivos, pastizales y producción pecuaria. La propia estrategia estatal para el campo contempla reducir el consumo de agua y mejorar su aprovechamiento frente a las condiciones climáticas.

Demasiada lluvia es un riesgo

El problema aparece cuando las precipitaciones son muy intensas o se concentran en pocas horas. El agua puede superar la capacidad de absorción del suelo y generar escurrimientos rápidos hacia ríos, arroyos y zonas urbanas.

El SMN advierte que las lluvias fuertes a intensas pueden provocar aumentos en los niveles de ríos y arroyos, deslaves, encharcamientos e inundaciones en zonas bajas. Además, cuando los suelos ya se encuentran saturados, aumenta la posibilidad de deslizamientos de ladera.

En Sonora, estos efectos pueden reflejarse en calles anegadas, caminos dañados, interrupciones de tránsito, caída de árboles y afectaciones a viviendas o infraestructura. Los antecedentes de inundaciones en municipios como Guaymas, Empalme y Nogales muestran que una lluvia intensa puede modificar rápidamente las condiciones de movilidad y seguridad.

Una temporada que exige preparación

La lluvia, por sí misma, no representa una amenaza ni una solución absoluta. Su impacto depende de la cantidad que cae, el tiempo en que se concentra, las condiciones del terreno y la infraestructura disponible para conducir el agua.

Para Sonora, el reto consiste en aprovechar cada periodo lluvioso para recuperar fuentes de agua y favorecer las actividades productivas, mientras se mantienen medidas de prevención ante inundaciones y deslaves. La Coordinación Estatal de Protección Civil plantea precisamente la prevención, atención y recuperación frente a riesgos que puedan afectar a la población.

Fuente: Tribuna del Yaqui