Hermosillo, Sonora.- Rubén Molina y Saúl Alejandro Tapia Castro no aparecen en el acta de nacimiento de los jóvenes del Centro Sonríe, pero para ellos son papá. Con paciencia, música y cariño diario, ambos se convirtieron en figuras paternas para los alumnos con discapacidad de la Fundación Pintando Sonrisas, ubicada en Hábitat Solidaridad.
El maestro que formó una banda
Rubén Molina, de 53 años y padre de cuatro hijos, llegó hace años como voluntario de musicoterapia activa. Lo que empezó como ambientar las clases se transformó en un proyecto de vida.
Yo empecé a venir hace algunos años como voluntario, pero luego conocí a estos muchachos y comencé a venir para ambientar y convivir. En el último año empecé a venir constantemente porque ellos comenzaron a mostrar mucho desarrollo y muchas aptitudes musicales. Eso se convirtió en una inercia que los llevó a tener su propio instrumento musical, al apoyo de las mamás y los papás que han tenido una gran participación con ellos y empezó a organizarse y armarse la banda”, explicó.

Rubén Molina
Con alrededor de 20 alumnos, Molina dirigió a cada uno para que tocara su propio instrumento. El resultado fue una banda que ya se ha presentado en diversos espacios públicos.
Son un grupo muy avanzado, me encantan, la energía es enorme”, comentó sobre sus pupilos.
Para el maestro, el mayor logro va más allá del escenario:
Lo más poderoso es como a través de la música desarrollan coordinación motriz, al seguimiento de instrucciones, al frenar y que aprendan a frenar, es decir a desarrollar su neuroplasticidad al grado de que logramos formar una banda”.

Unos padres muy padres Rubén Molina y Saúl Tapia, papás postizos de jóvenes con discapacidad en Centro Sonríe
Como padre biológico, Molina asegura que ser papá es ‘una bendición’. Tiene un hijo de 32, una hija de 30 y está a punto de ser abuelo. Sus hijos lo acompañan a eventos y tocan bajo, guitarra y batería junto a él. Sobre sus ‘hijos postizos’ de Centro Sonríe, dice:
Es tan fácil como que yo los quiero mucho y ellos también me quieren a mí. Ellos tienen el super poder de brindar afecto de una manera muy nítida y eso nos convierte en una familia muy bonita”.
El papá que abre la escuela con amor
Saúl Alejandro Tapia Castro, trabajador del Ayuntamiento en Hábitat Solidaridad, es el primero en llegar cada mañana al Centro Sonríe. Con 8 años laborando en el lugar, su rol va más allá de la limpieza: recibe a los jóvenes con abrazos.
Yo soy el que llega más temprano, soy el que limpio la escuelita y aquí los recibo con mucho amor y mucho cariño. Los alumnos son muy cariñosos, es algo muy especial, ya me conocen por mi nombre, nos saludamos en la mañana y cuando se van, para mí es muy importante”, relató.

Saúl Alejandro Tapia Castro
Padre de dos hijos, Saúl ve en los alumnos de Centro Sonríe a hijos más. “A los muchachos de Centro Sonríe los quiero mucho, son muy cariñosos y muy respetuosos conmigo; yo también los quiero mucho, son como mis hijos y, como un padre, tengo que estar al pendiente de ellos”. Su hija incluso apoya dando clases.
Para él, convivir con los jóvenes “me engrandece el espíritu, el alma, es algo bien bonito, para mí son unos ángeles. Si yo estoy aquí es porque la vida me puso aquí”.

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Fuente: Tribuna del Yaqui
