Hermosillo, Sonora.- El desierto no solo quema; a veces, también vibra con la fuerza de miles de almas que deciden cantarle al amor y latir al ritmo de un solo corazón, el de Carlos Rivera que convirtió el Foro Rosales de las Fiestas del Pitic 2026 en el epicentro de un torbellino de emociones.

Desde temprano, cuando el sol todavía caía como plomo sobre el asfalto, el panorama ya pintaba para tener una velada soñada. Sombreros de paja, abanicos moviéndose a ritmo frenético y una marea humana que desafiaba al termómetro con una sola consigna:Aasegurar el mejor lugar frente al escenario principal. Para cuando la noche por fin refrescó el ambiente, el lleno era notable y llegaba hasta el ingreso del primer cuadro de la ciudad.

A las 22:35 horas, apareció en el escenario Carlos Rivera, con esa presencia escénica que sólo pueden dar más de 20 años de experiencia dentro del mundo de la música y al grito de “¡Buenas noches, Hermosillo! Qué alegría tan inmensa en mi corazón, estar en esta tierra que tanto quiero, a partir de este momento solo te quiero decir que soy tuyo”, exclamó el tlaxcalteca desatando la locura entre los asistentes.

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La magia de Rivera no radica solo en su impecable alcance vocal, sino en esa cercanía tan suya, que rompe cualquier distancia con el público interactuando en todo momento a lo largo de la velada.

El concierto avanzó entre cambios de vestuario, una producción visual de primer nivel, ejecución musical impecable y una complicidad con su banda que demostró que arriba del escenario no solo interpretan, disfrutan el momento y lo contagian donde parejas abrazadas, madres e hijas cantando a todo pulmón, y una ciudad entregada por completo al artista.

La sorpresa de la noche

A pesar de que estaban programados en escenarios y horarios distintos (Carlos Rivera en el Foro Rosales y los Gipsy Kings en la Plaza Alonso Vidal), los franceses aparecieron en el escenario de Rivera para aventarse un palomazo histórico fundiendo el pop romántico del tlaxcalteca con la rumba flamenca y el sabor gitano de la agrupación. Fue, sin duda, uno de los momentos más espectaculares y aplaudidos de toda la edición de las Fiestas del Pitic.

Al final luego de la entrega absoluta y con la música resonando en el eco de las calles del centro histórico, Carlos Rivera se despidió dejando el listón muy alto. Las Fiestas del Pitic volvieron a demostrar por qué son el corazón cultural del noroeste, y anoche, ese corazón latió al ritmo de un romance inolvidable. Hermosillo, simplemente, se rindió a sus pies.

Fuente: Tribuna del Yaqui