Una semana que suponía traería noticias ya esperadas, de repente convulsionó y sacudió a las audiencias con la sorpresiva renuncia de Natalia Rivera, no solo a la dirigencia de Movimiento Ciudadano, sino también a su militancia.

La renuncia fue irrevocable, repentina e inesperada, una decisión motivada por su rechazo absoluto a la integración del grupo político del exgobernador Guillermo Padrés Elías, en su apoyo al exalcalde de Hermosillo, Alejandro López Caballero, de quien se dice, existe la intención de lanzarlo candidato a la presidencia municipal de Hermosillo, un sueño largamente anhelado por Natalia, por cierto.

Su salida se hizo pública apenas horas después de un evento partidista masivo en Hermosillo donde se proyectaba la unidad del partido rumbo al proceso electoral de 2027 y en donde le habían asegurado que todo seguía tal y como lo habían acordado con ella.

Al enterarse de lo que se avecinaba, Natalia experimentó un dilema moral y personal: la llegada del grupo ligado a Guillermo Padrés chocaba directamente con su historia personal, sus convicciones y su trayectoria política en el estado y anunció su renuncia como un acto de congruencia política.

Y es verdad. ¿Quién no recuerda a Natalia visitando periódicos y noticieros de radio jalando un diablito lleno de los expedientes que ella misma armó con las irregularidades encontradas a su llegada al gobierno de Sonora, inmediatamente después que Guillermo Padrés terminó su sexenio?

Y hablaba de una deuda pública heredada por 32 mil millones de pesos; documentó y exhibió cómo el gobierno de Padrés simuló auditorías y cobros de impuestos para beneficiar a algunos de sus exfuncionarios, perdiendo las arcas estatales ingresos por 708 millones de pesos; documentó también el uso de recursos materiales, económicos y humanos del erario de Sonora no solo para la elección local, sino también para los procesos electorales de estados como Coahuila, Sinaloa y Baja California Sur; señaló la triangulación de fondos y la falta de transparencia en la aplicación de los presupuestos estatales, en el periodo de Alejandro López Caballero en la Tesorería.

Era pues inadmisible, para Natalia, continuar en Movimiento Ciudadano. Sus motivos eran -y siguen siendo- del total conocimiento de Dante Delgado; aún así, el controvertido fundador y líder moral de los emecistas, decidió aceptar la participación de López Caballero -y con él a los padrecistas- en las filas de color naranja.

El trato que Dante Delgado dio a Natalia Rivera, en el contexto de su renuncia, constituyó un trato desigual y sexista, pero ella, prudente y enemiga de las controversias, en sus declaraciones públicas tras presentar su renuncia, evitó etiquetar la situación de forma directa bajo esos términos, expresando de manera institucional su respeto a los liderazgos nacionales.

La decisión de incorporar al grupo panista-padrecista, se pactó desde la cúpula nacional que encabeza Dante Delgado, y se les notificó formalmente a los líderes sonorenses durante el fin de semana previo a la renuncia, anulando la autonomía y los esfuerzos de la estructura territorial que Rivera había consolidado.

La salida de Natalia Rivera es vista como un golpe severo a la unidad interna del partido naranja y un ejemplo inusual de un liderazgo que prefirió abandonar su cargo antes que transigir en sus principios políticos.

El tercero en discordia en este zipizape, Luis Donaldo Colosio Riojas, juega un papel fundamental, aunque desconozco si también sea involuntario.

Aprovechando el peso histórico que en Sonora tiene su apellido, el pragmático Dante Delgado pretende construirle una base electoral fuerte a Luis Donaldo Colosio Riojas, como el perfil idóneo del partido para competir por la gubernatura de Sonora en 2027.

Natalia Rivera lamentó profundamente que el joven senador no utilizara su enorme peso moral e interno para frenar la imposición de Dante Delgado y detener la entrada de los perfiles ligados al sexenio de Guillermo Padrés.

Natalia lamentó que el senador por Nuevo León, Colosio Riojas, diera la espalda e ignorara estos acontecimientos y contrario a su perfil discreto solo remata: “Quien hace de todo para ganar, hace de todo cuando gana”.