Jean-Jacques Rousseau afirmaba que era el Estado el que aseguraba la libertad y el disfrute de los bienes terrenales, pero que ni el pacto social ni el Estado que deriva de este, son eternos, porque, del mismo modo que el cuerpo humano, el cuerpo político “comienza a morir desde su nacimiento, llevando en sí los gérmenes de su destrucción”. La robustez y salud del Estado se pueden desenvolver y fortificar y, en contraste con el cuerpo humano, la vida del cuerpo político se puede prolongar por medio de un buen Gobierno. “La constitución humana es obra de la naturaleza, pero el organismo del Estado es obra del arte político”, también así lo sentenció Rousseau.

Gobernar es una habilidad humana, donde la ineficiencia devenida de la falta de liderazgo y por la ignorancia de los sentimientos y dolores de la ciudadanía, puede propiciar la ingobernabilidad.

Si a un cuerpo humano le cortan brazos y piernas, se ha quedado ciego y sordo y además, sus órganos vitales no funcionan con la eficiencia que deberían de hacerlo, pero mientras tenga por donde respirar oxígeno y por dónde ingerir alimentos y agua, seguirá vivo; aunque es evidente que la calidad de vida de ese cuerpo es paupérrima y se encuentra agonizante.

El cuerpo del Gobierno del Estado perdió la vista y el oído por el virus de la ingobernabilidad, la metástasis de un viejo cáncer llamado corrupción está pudriendo sus órganos vitales en sus finanzas, también le han amputado brazos y piernas por una enfermedad silenciosa que le ha infectado de gangrena, es la diabetes de la impunidad y además está siendo ultrajado por una grotesca inseguridad pública.

Con esta agonizante calidad de vida es como el cuerpo del Gobierno del Estado de Sonora está “funcionando”.

En Sonora el Director Jurídico del Congreso del Estado, Carlos Felipe Lugo, puede (sin ninguna autorización ni facultad) meterle mano a una iniciativa de ley propuesta por la Gobernadora, alterando de manera sustancial el espíritu de dicha iniciativa, lo que provocó que los diputados la rechazaran. Y todo parece indicar que Lugo actuó por órdenes de alguien, paradójicamente muy cercano a la propia Gobernadora Claudia Pavlovich.

En Sonora pueden movilizarse convoyes por todo el estado e ingresar a ciudades y poblaciones y por horas e incluso días, pueden someter al pánico a sus habitantes ejecutando homicidios, levantones, quemando viviendas y establecimientos comerciales sin que ninguna autoridad de ninguno de los tres niveles de gobierno actúe.

En Sonora podemos ocupar el peor lugar del país en la incidencia de la corrupción por cada 100 mil habitantes y ser el lugar número 13 donde más homicidios se cometen (Fuente: IMCO) y la Gobernadora no hace ni dice nada.

Ante la catastrófica administración pasada de Guillermo Padrés, era fácil crear una burbuja que cubriera las incapacidades del gobierno en curso, por lo menos los primeros años.

Una burbuja creada en base a una maquinaria de marketing político, sostenido por un gran sector de la prensa y encuestas como traje a la medida.

Una estrategia muy semejante que ayudó a construir el camino de Enrique Peña Nieto hacia Los Pinos y que lo mantuvo en esa burbuja protectora los dos primeros años de su gobierno, pero que al Gobierno del Estado ya no le da para más y aún así, se ha insistido en seguir intentando sostener una imagen impoluta de la gobernadora, lo cuál evidentemente es insostenible.

Preocupados enormemente por la imagen de los envases y no tanto por lo nutritivo del contenido de políticas públicas que guarda dicho recipiente, son burbujas vacuas que al menor pinchazo de cuestionamiento revientan en desagrado e incomodidad porque se exhibe el vacío de ideas. La cultura del envase desprecia los contenidos, por su ínfima capacidad reflexiva de los fondos debido a la adulación de las apariencias (y simulaciones) que nubla y distorsiona la realidad de dicho contenido. Lo cuál, nos ha llevado a un escenario político sonorense que mantiene empantanado a la entidad en una profunda crisis social y económica, las brechas de las desigualdades cada vez se abren más, la ingobernabilidad azota a la entidad y la inseguridad se agudiza cada vez más.

Bajo este gobierno y su imperante surrealismo burocrático, el eslogan central de su campaña electoral (2015) “Honestidad total”, siempre sufrió de la inanición de justicia, porque en una entidad donde el estado de derecho y la legalidad, son principios vacíos, ese eslogan es la ilustración de un insulto demagógico.

En suma, el (des) Gobierno actual en Sonora en sus casi cinco años, no han garantizado legitimidad, organización y eficacia, ni tampoco orden y estabilidad, porque han carecido del “arte” necesario para prolongar la vida civil y el grado de Gobierno es el más bajo por no haber producido bienestar ni los mínimos mecanismos de convivencia social, sino ingobernabilidad, porque con éxtasis desataron sus demonios y los echó andar con tal fuerza y exceso que los acabó debilitando, les manchó la imagen que con tanta obsesión han tratado de cuidar, han perdido dignidad y han ganado el repudio de la ciudadanía, que hoy con un enorme dejo de impotencia y frustración se pregunta ¿quién chingados gobierna Sonora?