SI NO FUERA POR LA GRAVEDAD de la contingencia, el tema de la violencia en México se prestaría para mil y una elucubraciones. En México— en todo el país— la pandemia ha sido, hasta ahora, generosa con los mexicanos. Hay varios casos confirmados de enfermos por COVID-19. Y hay cientos de “sospechosos”.

La enfermedad, no se ha disparado en forma tal como para entrar en pánico.

Afortunadamente, no estamos al nivel de la tragedia de Ecuador, en cuya segunda ciudad más importante, Guayaquil, los muertos por el coronavirus son abandonados en las calles. Algunos cadáveres, son incendiados ante la imposibilidad de darles sepultura digna.

En México nuestro Gobierno nunca vio con ojos de preocupación lo que está ocurriendo en otros países de Asia y Europa. El líder nacional, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, se mofaba de los expertos, de los científicos. Incluso, puso en evidencia públicamente a su equipo encargado de la vocería del tema de la salud. Principalmente, al “genio” del momento, HUGO LÓPEZ-GATELL.

Refutaba lo que su colaborador decía. Y cuando se lanzó la advertencia por parte del Sector Salud, que los restaurantes debían cerrar sus puertas, el presidente AMLO, en forma muy desfachatada, mandó un mensaje sin ton ni son desde una mesa de restaurante. Vayan a los restaurantes— pidió—, no pasa nada, debemos cuidar la economía popular, hagan lo que yo estoy haciendo.

En este punto se cruzaron los cables de la información.

La alerta se incrementó, la epidemia empezó a crecer en México, López-Gatell endurecía el discurso de las prevenciones, pero el presidente seguía montado en su macho.

Finalmente, cuando la lumbre empezó a llegarle a los aparejos, AMLO dobló las manos y cambió su discurso.

Pero entonces muy pocos le hicieron caso. AMLO ha continuado con las alertas sobre lo que cada quien debe hacer ante la presencia del coronavirus. Clama por el cuidado de los ciudadanos y apela a la gran fortaleza de México que siempre ha sabido resistir los embates de la adversidad.

Muchos de los que se habían decepcionado de él, pensaron que bien valdría la pena darle un voto de confianza al mandatario. Después de todo, ¿Quién no se equivoca en la vida?

Pero entonces ocurrió aquello de “nos vino como anillo al dedo”.

Sí, acuérdese usted: se refirió a la pandemia del coronavirus. El presidente lo dijo en su discurso de las mañaneras: “Bien vistas las cosas, el coronavirus nos vino como anillo al dedo pues se afianza la cuarta transformación”.

Esta horrenda insensatez, fue como una bomba en el sentido común de los mexicanos.

¿De modo que la enfermedad que ha ocasionado decenas de muertos y amenaza con causar muchos más, “nos cayó” como anillo al dedo en México?

¡Por las tripas de Satanás!

El país está entrando en pánico. Exagerado o no, el discurso del Sector Salud ha logrado meter el miedo en cada rincón de la República. A ciencia cierta, nadie sabe qué debe hacer para protegerse del contagio, más allá del encierro domiciliario y de lavarse las manos con jabón, si bien es cierto que muchas personas utilizan también el tapabocas y el gel antibacterial, que en repetidas ocasiones los expertos han dicho que el gel antibacterial no es para combatir el virus sino las bacterias, amén de que el tapabocas no detiene al coronavirus.

Si usted, caro lector, se ha mantenido atento a los reportes de los especialistas, sabrá que no es una invención mía, es una afirmación de los expertos.

De cualquier modo, ni el tapabocas ni el gel antibacterial, están de sobra.

Esto no es más que la consecuencia del caos informativo que se generó en México desde que empezó a hablarse de la epidemia.

Inmersos en nuestros miedos, no nos percatamos del nivel que ha alcanzado la violencia.

Por ejemplo, anteayer en Chihuahua un enfrentamiento entre criminales dejó un saldo de 19 muertos.

Acá en Sonora, no pasa día sin que se registren ejecuciones entre narcos. En estos sucesos, también han sido asesinadas mujeres. Y luego, los “levantados”, que en la mayoría de los casos, se convierten en ejecuciones. Y los muertos encobijados.

Los registros son alarmantes. Pero casi nadie se da cuenta de estos hechos porque la pandemia nos tiene fritos.

Así las cosas, pues.

En fin.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

DÉJEME DECIRLO: DOÑA CUQUITA AMADO DE ARAIZA, lectora fiel de estos Rumbos desde hace toda una vida, me llamó el otro día para preguntarme donde podría adquirir un ejemplar del libro autobiográfico de JUAN DIEGO COTA COTA…

Yo ya había leído el ejemplar que Diego tuvo la gentileza de hacerme llegar, lo que desde luego, se le agradece cumplidamente. En esta tesitura, le dije a mi amiga que con mucho gusto le prestaría mi ejemplar y, bueno, se lo envié a su casa…

¿A qué viene todo esto?…

Viene a que en uno de los capítulos de la obra, Juan Diego hace referencia a su relación, siendo muy joven, con pescadores de la Cooperativa La Atanasia, lo que me llevó a recordar una experiencia que me tocó en suerte vivir hace aproximadamente 40 años. En Cajeme era presidente municipal ADALBERTO ROSAS LÓPEZ Y SÓSTENES VALENZUELA MILLER, era el abogado del grupo de pescadores que luchaba por legalizar la cooperativa, lo que los convertiría en pioneros del cultivo de ostión…

El líder d aquel grupo, era conocido simplemente como ’El Chichí’, y jamás nadie supo cómo se llamaba en realidad…

Ahora que leí la anécdota narrada por Diego, hurgué en mi memoria buscando el nombre de ’El Chichí’. Llamé a algunos amigos de El Campo 60 y nadie supo nada. Lo más que pude indagar, es que no era del Campo 60 sino de Atotonilco. Luego llamé a mi cuate el CHITO ZAMORA y le pedí que se comunicara con su amigo Sóstenes y le preguntara si recordaba el nombre de ‘El Chichí’…

El resultado fue que el nativo de Tónichi, municipio de Soyopa, no pudo recordar el nombre de quien había sido su cliente. Solo recordó que ‘El Chichi’ se fue a vivir a Pueblo Yaqui y allí murió…

Hice un último intento: llamé hasta Cananea a ELISEO MORALES, nativo de Atotonilco. No le conoció por cuestiones de lejanía, pues Eliseo no vivía ya en Atotonilco. Su papá tampoco se acordó de él, pese a que ambos fueron beisbolistas…

Sentí una enorme tristeza por ’El Chichí’, con quien cultivé una muy cordial amistad que, sin embargo, nunca llegó a profundizar…

Él hizo mucho por su gente y resulta que hoy nadie se acuerda ni de su nombre…

Hay un punto vital en los recuerdos que yo guardo de este personaje: cuando por fin Sóstenes logró terminar con los trámites para la cooperativa de La Atanasia, los pescadores le ofrecieron una comida a base de pescado y mariscos al alcalde Rosas López, al abogado Valenzuela Miller, al capitán ARNULFO NIEBLAS CASTRO y a este columnista. Los cuatro realizamos el trayecto a la Atanasia en un pequeño avión propiedad de Sóstenes. El Teno aterrizó en la playa y allí nos esperaba un numeroso comité de recepción…

Obviamente, ‘El Chichi’ al frente de todos…

¿Por qué ninguno de los que asistimos aquella media mañana a La Atanasia se puede acordar cómo se llamaba ‘El Chichí’?…

¡Qué cosas tiene la vida, Mariana!…

Y POR ÚLTIMO, CON sincera tristeza quiero compartir con mis dos que tres lectores, el fallecimiento de JAIME ALBERTO VARGAS GAYTÁN, a quien conocimos como “El Super Vargas”, a lo largo de más de treinta años…

Jaime Alberto era hermano de dos amigos míos, ERNESTO y MARIO OCTAVIO VARGAS GAYTÁN, a quien mando mis más sentidas condolencias, lo mismo que al resto de su familia…

¡Descanse en paz!…

Es todo.

Le abrazo.