Separados de sus familias mexicanas, despojados de sus comercios y encañonados en la frontera, los testimonios jurados de 1932 rescatan la memoria de la comunidad china expulsada de Sonora. Recopiladas por inspectores de inmigración estadounidenses, estas declaraciones exponen la violencia y humillación que sufrieron los chinos durante su traslado forzado.

Uno de los casos es el de Lo Hi, zapatero de 38 años que llevaba 14 años viviendo en Guaymas. El 1 de agosto de 1932, dos policías irrumpieron en su domicilio y lo llevaron a la cárcel municipal. Después fue trasladado a la estación del ferrocarril, donde encontró a su esposa mexicana.

Los agentes permitieron que ambos se despidieran antes de subirlo a un vagón custodiado por soldados armados. Al llegar a Nogales, el comandante de la policía le confiscó 40 pesos. Esa misma noche, fue obligado a cruzar la frontera a arrastras.

En Hermosillo, San Ng, cocinero con 20 años de residencia, relató que un policía entró a su vivienda y lo obligó a preparar su maleta, en el proceso le quitó 20 pesos que tenía en su pantalón, además de tres camisas nuevas. Ya afuera, San Ng vio cómo el policía cerraba la puerta de su hogar con candado.

Aunque en la comandancia de Hermosillo le devolvieron diez pesos, en Nogales volvió a ser despojado de sus pertenencias y llevado de noche hacia la frontera. “Me gusta México y me hubiera quedado allí si la policía me hubiera dejado”, declaró.

La persecución afectó también a Chan Siung On, quien llevaba 27 años en Guaymas y era propietario de una tienda valuada en mil 500 pesos. Durante la agitación antichina, sus clientes comenzaron a sacar mercancía sin pagar, provocándole importantes pérdidas.

El comandante de la policía local, conocido como ‘Pancho’, le debía 600 pesos en víveres cuando fue arrestado. Durante el traslado, Chan perdió 182 pesos en efectivo y algunas prendas. En la frontera, un oficial lo empujaba hacia la cerca con el revólver, mientras se burlaban de él.

Otro caso fue el de Hi Tung Ham, cocinero de 60 años que había vivido 15 años en Guaymas. Entre lágrimas, pidió a los oficiales que no lo enviaran a la frontera porque quería permanecer en México. Sus súplicas fueron ignoradas y los soldados lo amenazaron con dispararle si intentaba escapar. Ya en la línea fronteriza, un policía le señaló un agujero con el arma y le dijo: “cruza por él y no te atrevas a volver a México”.

En Cananea, Sang Wong, un peón de 44 años que llevaba 25 años viviendo en el mineral, fue víctima de la expulsión forzada. Después de permanecer cinco días en prisión por orden del presidente municipal, fue trasladado junto con otros tres compatriotas hacia la frontera de Naco.

Allí, las autoridades les advirtieron que, si no cruzaban hacia Estados Unidos, serían “llevados a la sierra”. Para ellos, aquella expresión era una amenaza de muerte. Ante el temor, cruzaron corriendo la frontera hacia Arizona.

Las declaraciones de 1932 permiten recuperar las experiencias de los chinos que padecieron la expulsión y recordar que, para ellos, la medida significó mucho más que abandonar Sonora; implicó perder bienes, familias y proyectos de vida construidos durante años en la región.