EL PASADO 4 DE MARZO la cúpula nacional de lo que queda del PRI, se reunió en México para ‘celebrar’ el 91 aniversario del otrora partidazo.
Fue un evento como en familia. Pocas luminarias, por no decir que ninguna. ALITO, el presidente ‘nacional’, entregó una decena de preseas en diferentes categorías a militantes que, ciertamente, se merecían los reconocimientos por derecho propio.
A fin de cuentas, lo mejor que existe de lo que fue el PRI, son sus militantes, los de suelo razo y los que con talento e inteligencia pero también con pundonor y paciencia, lograron escalar la pirámide de la política y del poder.
Me refiero al conglomerado que en otros tiempos se conoció como “la familia revolucionaria” y después simplemente como la clase política.
Según veo yo las cosas, el PRI, como institución, ha sido vilmente difamado, estigmatizado hasta el punto de convertirse en perro del mal cuando la realidad es que los que le han causado un enorme daño al país y a los mexicanos, son un puñado de prevaricadores, ambiciosos sin fondo y definitivamente arribista de la política, sin ideología ni amor por la camiseta de ese partido.
Honestamente, los priístas se han pasado de “buenas personas”. De hecho, sus buenos militantes, los de suelo razo y los de arriba, han carecido de agallas y amor propio para sacar del PRI, cuando aún era tiempo, a personajes como CARLOS SAINAS, y a aquellos que se beneficiaron con la desarticulación del sistema ejidal que derivó en la desaparición de los miniagricultores.
La institución priísta, como tal, nada podía hacer para cambiar todo esto si los hombres que en su momento lo dirigieron desde la Presidencia de la República, no quisieron ordenar la limpia interna en el sistema priísta.
Dejaron que muchos gobernadores se hartaran con el saqueo de los erarios estatales hasta el punto de que la ciudadanía mandó al diablo a los candidatos priístas en el 2018.
Este fue el epílogo de un largo proceso de casi un siglo, en el que el Partido Nacional Revolucionario, Partido de la Revolución Mexicana y Partido Revolucionario Institucional, convirtieron el partido fundado por PLUTARCO ELÍAS CALLES, en una organización autocrática en la que cabían todos.
Así fue creciendo y engordando aquella institución que nació a partir de la idea de don Plutarco de que en ese partido estarían integrados todos lo caudillo de la Revolución Mexicana y que, llegado el momento de las contiendas político-electorales, sería el propio partido el que decidiera quién le convenía como su candidato a la presidencia de la República (Calles jamás se imaginó que la primera víctima del partido sería precisamente él).
Los hombres en el poder, cualquiera más, cualquiera menos, todos en general robaron del Erario. Nunca nadie osó criticar a los ladrones en el poder. Los mexicanos, en su histórico agachismo, le permitían todo a los presidentes. Cuando alguno se pasaba de la raya y hacía enojar a la gente, el pueblo se cobraba el agravio satirizando al mandatario que se iba en carpas de barrio y, a veces, en algún teatro de revista.
Pero no pasaba de ahí.
Muchos en el PRI se avergüenzan ahora (demasiado tarde) de haber participado o solapado los afrentosos fraudes electorales. Poco a poco, la palabra PRI, se hacía moneda de uso común cuando se trataba de defenestrar al Gobierno.
Ningún presidente, ninguna corriente alterna del PRI, movió un dedo para cambiar el sistema. Bastaba que alguno de ellos dejara sembrada la semilla de la honestidad republicana para que otro le siguiera. El pueblo le dio otra oportunidad al PRI —más bien a sus militantes con mayor liderazgo— pero ENRIQUE PEÑA NIETO equivocó la señal. Pensó que el pueblo le regresaba Los Pinos porque extrañaba el antiguo sistema.
Craso error y ahora las consecuencias las está pagando el país.
En este triste escenario, el PRI arribó a sus 91 años. Aún le late el corazón. Muchos creen que resucitará. Que volverá a la vida y recorrerá el país y reinará otra vez.
No comparto esa opinión. La “marca” está condenada aunque el PRI, como institución, no se lo merece.
Pues sí: el pasado martes 4 de marzo, el PRI festejó sus 91 años de vida y entregó preseas a una decena de distinguidos militantes. Entre ellos, como lo mencioné en los Rumbos del 5 de marzo, a los sonorenses ALICIA ARELLANO TAPIA y BULMARO PACHECO MORENO.
Doña Alicia, por razones obvias, está retirada de la política. Pero Bulmaro sigue vigente y activo, y el reconocimiento que se le hizo con la presea “Luis Donaldo Colosio” al mérito militantes, es absolutamente merecida, pues son muy pocos los militantes con liderazgo que se han mantenido leales al partido, trabajando a cambio de nada para que el corazón del PRI no deje de latir.
Bulmaro Pacheco ha ganado el reconocimiento de todos los priístas de Sonora y de muchos de la Ciudad de México, por esa entrega empecinada a la promoción de las mejores causas que abraza el PRI en sus peores momentos como partido político.
Ellos, los militantes galardonados ese día, estuvieron por encima de quienes organizaron el evento. Y como digo: no hubo luminarias. Y si usted cree que ALEJANDRO MORENO, el dirigente nacional es una luminaria, bueno, pues se le concede, caro lector.
Desgastados por la humillación, allí estuvieron RENÉ JUÁREZ CISNEROS, el coordinador de la ‘bancadita’ del PRI en la Cámara Baja; y FERNANDO ELÍAS CALLES, cenizas del fuego que alguna vez hubo, inútilmente empeñado en “robarle juventud a su pasado”, si se me permite evocar a JOSÉ ALFREDO.
Y Osorio Chong.
Diría yo, en forma muy particular, que si este partido recupera terreno político, será porque existen militantes como Bulmaro Pacheco y como otros que esperan una señal para levantarse en pos del regreso al triunfo.
Como digo, se me antoja imposible. Pero, bueno, soñar no cuesta nada.
En fin.
DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ
DÉJEME DECIRLO: NO ME SORPRENDERÍA si fuera un político o tuviera antecedentes en esa dirección…
Pero no lo es…
JOSÉ LUIS ISLAS PACHECO, director del Conalep-Empalme y Director-Fundador del Museo Ferrocarrilero de esa ciudad, no es político, es un académico de pies a cabeza, un enamorado de la cultura y ciertamente posee una brillante inteligencia…
Mi amistad con él no es muy añeja. Diríase, en término de seres humanos, que anda en los 15 años…
Nos conocimos cuando José Luis era director del Museo Sonora en la Revolución. De hecho, BULMARO PACHECO y yo, solíamos visitar el museo de cuando en cuando y así, poco a poco, se fueron estrechando los vínculos de amistad…
Una amistad muy cultural, muy de lo suyo, y en nuestros encuentros para desayunar o tomar café, no se hablaba de político…
José Luis dejó un día el MUSOR y andando el tiempo, regresó a Empalme y encontró un sitio en la academia, donde, en efecto, brilla con luz propia…
¿A qué viene todo esto?…
Viene a que este maestro conoce la importancia de acercar a la política los logros pero también las necesidades de las instituciones educativas…
Por ejemplo, acaba de tener como invitado en el Conalep Empalme, al diputado federal HERIBERTO AGUILAR, quien, ante un entusiasta personal docente, se comprometió a gestionar soluciones para los problemas de ese plantel, amén de felicitar a la comunidad docente y estudiantil…
Ni hablar: al César lo que es del César…
Y POR ÚLTIMO, MI SOLIDARIDAD para familiares y compañeros de trabajo de la licenciada ELSA VILLA CASTRO, cuyo desempeño como directora de Contenidos de la Coordinación de Comunicación Social del Gobierno de Sonora, siempre le fue reconocido, amén de su don de gente cuyo estilo gentil tuve la oportunidad de constatar… Elsa Villa murió inesperadamente y esto lo asigna en un tuitt la gobernadora CLAUDIA PAVLOVICH…
¡Descanse en paz!…
Es todo.
Le abrazo.