No cabe duda que de las calamidades también se aprende. Entre las más reprobables la que están dejando ver la gran mayoría de establecimientos comerciales dedicados a los abarrotes, cuyos desmedidos precios los puede usted comprobar con tan solo darse una vuelta por cualquiera de sus sucursales.
El huevo, para no ir muy lejos, cuya cartera encontrábamos apenas la semana pasada en 50 pesos, ahora se “oferta” hasta en 75 pesos como si los pollos fuesen los más afectados con el mal de marras.
Yni qué decir con los precios de granos como el arroz y el frijol.
Qué bueno, por otra parte que ha sido la misma gente, el mismo consumidor que, con celular en la mano ha ido hasta la Cueva de Alí Baba para demostrar y denunciar ante los inspectores de Profeco, el abuso que se está cometiendo en contra de la población que encima de la pandemia, ahora tiene que padecer también a esta otra plaga no menos peligrosa de comerciantes voraces que están haciendo su agosto en pleno marzo.
No sé aquí en Sonora, pero en Baja California, consumidores y medios de comunicación han dado cuenta como en Mexicali, por ejemplo, ya llegaron los inspectores de Profeco, para exhibir a este tipo de abusadores a los que si bien no se les clausura el establecimiento se les recoge el producto, mismo que se les devuelve hasta que no hayan pagado su multa respectiva y prometen “por su mamacita”, que ya no lo volverán a hacer.
Otra desgracia más que queda al descubierto es que buena parte de los ciudadanos que han sido contagiados con el virus de hoy, son aquellas víctimas de la industria de la chatarra — botanas y refrescos que son el pan nuestro de cada día y por desgracia forman parte de la dieta de la mayoría de jóvenes y niños en México– los que ahora se cuentan por miles.
Y así lo hace saber la dirigente de la organización “Camino para el Buen Vivir”, Esthela Velázquez, la que apenas ayer daba a conocer que ante la falta de políticas públicas contra la expansión de la industria de la chatarra, “nuestro país enfrenta el Covid-19 con otras dos epidemias: 96 millones de niños y adultos con sobrepeso y obesidad y 8.6 millones de mayores de 20 años con diabetes, los que, como es obvio, resultan ser los más vulnerables ante la pandemia”.
A estos se suman los enfermos de hipertensión, daños renales, pulmonares y cardiacos.
En opinión de la activista a este flagelo que no es nada nuevo contribuyen las grandes empresas refresqueras, cuyos productos abundan en las comunidades más pobres y apartadas de todo el país y no hay quien les hable o les advierta a estas personas de los grandes males que su consumo causa entre la población más vulnerable, encima del alto precio que se paga por ellos.
“Las grandes empresas solo nos están enfermando. En las comunidades ya hay muchas diabéticas, niñas, niños y adultos. Antes de nuestros abuelos, nuestros antepasados, nunca habíamos escuchado algo así. Ellos vivían más años que ahorita que se mueren de 30 o 40 años por diabéticos y otras enfermedades porque no sabemos cuidarnos”, dijo la activista. “Nosotros cada vez más pobres porque el refresco también está muy caro. De dos o tres litros están a 45 pesos. No hay dinero para estar gastando, pero la gente ya se acostumbró”, afirmó sobre uno de los tres Estados que forman la triada de pobreza en el sur del país”.
FIERRITOS EN LA LUMBRE… De ser cierto la versión que se corre en el sentido de que la propagación del virus de moda y que mantiene con el Jesús en la boca a la mayoría de los pobladores de la tierra, es parte de una estrategia que persigue crear una de las más duras recesiones en el mundo de la que saldrían ganando las mismas, tres o cuatro familias que dominan el planeta, ya me imagino las carcajadas que tendrán en estos momentos a costilla de usted y yo que esperamos en medio del pánico a que un día de estos amaine la tormenta. Una tormenta de rumores y mitos de la que todos somos parte. Dentro de estas versiones corren dos que ante el solo anuncio paraliza de miedo a la gran mayoría de mexicanos que viven al día y que necesariamente tienen que salir a la calle en busca de su supervivencia:
La prohibición de que la gente salga a la calle a fin de que aguarde una cuarentena que amenaza con convertirse en un confinamiento de hasta tres meses más, según lo declarado hace unas horas por el subsecretario de Salud Pública, López-Gatell.
La otra; que a partir de este lunes queden suspendidas todas las actividades, incluidas aquellas pequeñas fondas fijas y semi fijas, talleres y la venta de ambulantaje de todo tipo de mercancías.
Ahora sí que Dios nos agarre confesados.
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