Pareciera que el sentido común influye en las reflexiones y las decisiones cotidianas. Pero no siempre es así. Durante el neoliberalismo imperó la regla de no aumentar el salario mínimo con el pretexto de que crecería la inflación; igualmente, se asumió que la política social era una carga para las finanzas públicas del Estado, limitando su acceso a personas que cumplían con determinado perfil; incluso, continuamente se amenazaba con desaparecer los programas sociales.

Sin embargo, en la Cuarta Transformación se invirtió la estrategia, aumentando el salario mínimo y convirtiendo los programas de apoyo a la gente en beneficios de acceso universal. Estos cambios sustantivos en la distribución de la riqueza permitieron que 13.4 millones de personas salieran de la pobreza en el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, y seguramente conoceremos resultados positivos en la medición de pobreza del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

La lógica de que en los hogares haya más dinero también responde a un objetivo de promover el consumo interno, es decir, que todas las familias puedan acceder a los bienes y servicios necesarios para su desarrollo; que puedan comprar la canasta básica, pagar el transporte, la vivienda, así como aquellos bienes culturales, recreativos y turísticos. Si una familia dispone de dinero para comprar lo que necesita en su día a día, habrá más demanda de bienes y servicios.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el primer semestre de 2026, se reportó un crecimiento de 3.19 por ciento en los ingresos por suministro de bienes y servicios del comercio al por menor con respecto al mismo periodo del año anterior, mostrándose el resultado favorable en las 32 entidades federativas; en el caso de Sonora, el crecimiento fue de 3.41 por ciento.

El avance mostrado con dicho indicador del consumo privado está relacionado con las expectativas económicas, el control de la inflación, la confianza de las y los consumidores, el impulso al empleo, el ingreso personal disponible y el acceso al crédito.

De igual forma, los datos más recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico sobre el comportamiento de las economías de los países miembros indican que, en el segundo trimestre de 2026, la economía de México creció 1.5 por ciento, logrando estar 0.5 por ciento por arriba del promedio de los países de la OCDE. Este aumento colocó a nuestro país como la sexta economía con mayor crecimiento y la primera entre los países de América Latina que son parte de esa organización.

A ocho años de la Cuarta Transformación, se demuestra que la ecuación funciona: la mejor política económica es la que distribuye la riqueza con justicia social.

Lorenia Iveth Valles Sampedro

Senadora de la República con licencia