Hay quienes dicen que la basura no existe, quienes creen que es un problema que nunca se va a acabar y quienes ni siquiera piensan en ella porque hay muchas otras cosas que hacer. Y todo eso habla del sistema y de la historia del mundo a través de los años, de lo que nos han enseñado, lo que hemos observado a lo largo de nuestra vida y el contexto en el que nos tocó vivir.

¿Cómo es que algo como la basura puede ser nada y tantas cosas a la vez? ¿Por qué no es lo que creemos? ¿Por qué debería importarnos? Tratando de responder estas preguntas, es como en los estudios de la basura se han descubierto cosas fascinantes, algunas crueles, algunas esperanzadoras, pero también algunas que nos dan pistas para reconocer que la basura, o por lo menos lo que pensamos de ella, podría ser una ficción. La prueba está en que lo que para unos es basura, para otros es tesoro. El mismo objeto y residuo puede significar diferentes cosas según el tiempo, el lugar, el material, la utilidad para quien lo tiene y el nivel de suciedad que mantiene.

A lo largo de los últimos años, el tema ha forjado un argumento ambiental que cobra relevancia cuando vemos calles y ecosistemas naturales sucios, mares y ríos contaminados, cuando los servicios de recolección fallan y en nuestras casas se acumulan esos objetos y desechos que no nos sirven, estorban y huelen mal. Cuando en días de lluvias las alcantarillas se llenan, causando inundaciones, cuando nos enfrentamos a problemas de salud causados por incendios, cuando por alguna razón la basura no se puede esconder más. O cuando dimensionamos que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), para el 2020 se generaron en el país un promedio diario de 106,523,139 kilogramos de residuos, cantidad que aumenta cada día.

Ante eso, vale la pena resaltar que hablar de basura no solamente implica tratar temas ambientales, no se trata únicamente de tirar las cosas donde van, no arrojar cosas a la calle o esconder en bolsas negras (en el mejor de los casos) lo que no usamos. Es darnos la oportunidad de cuestionar el mundo en el que vivimos, desde algo tan grande como lo es el sistema económico, las condiciones sociales en las que nos encontramos en lo individual y lo colectivo, hasta las pequeñas decisiones que tomamos en el día a día. Entendiendo esto, quizás podemos redireccionar el discurso y las acciones que nos ayuden a frenar un problema que, si no prestamos atención, tarde o temprano nos va a desbordar.

Abrir esta conversación nos brinda la posibilidad de reflexionar y cuestionar si aquello que nos dijeron de los desechos se conecta con lo que nos han contado sobre el desarrollo, sobre los países “adelantados” y “atrasados”, sobre cómo hay un sistema diseñado para producir, consumir, acumular y descartar. Nos hablaron de una fórmula en la que es necesario poner al capitalismo en el centro, disponiendo de todo a nuestro alcance para no dejarlo caer; trabajando, adquiriendo bienes y materiales, desechando cuando algo está sucio o ya no (nos) sirve más. Y esto importa porque ante estas reflexiones podemos derribar ficciones, abrirnos camino a una vida que nos acerque al bienestar y donde podamos usar a la basura como aliada para transformar nuestras vidas.

A propósito de abrir la conversación y, como estudiosa del tema, hace poco les pregunté a personas cercanas a mí qué cosas de la basura les hacen eco o les causan curiosidad sobre la materia. Algunas hablaron de la basura en el espacio público, las condiciones de trabajo de las y los recolectores, la relación entre las periferias, sectores vulnerables y basura, otras sobre greenwashing, compostaje, tipos de residuos y dinámicas diarias de desecho. Temas que, aunque parten de un mismo elemento (los desechos), son tan diversos y profundos que me hicieron darme cuenta de que no hay una sola respuesta para cada pregunta. Y no la hay porque vivimos en un mundo y un sistema complejo, variado, multicultural y lleno de realidades distintas.

Así que, para responder juntas y juntos esas dudas e inquietudes, conviene primero saber de dónde partimos, qué creemos o sabemos de la basura, qué nos han dicho y qué no nos hemos cuestionado. Luego entonces, ubicar nuestro contexto, nuestras prioridades y necesidades, nuestro acceso a ciertos bienes y servicios, así como nuestra disposición para hacer pequeños o grandes cambios, para debatir nuestras fragilidades y privilegios. Suena complejo, pero es más fácil de lo que pensamos; es tan simple como terminar de leer estas líneas y asomarnos en nuestro bote de basura, preguntarnos si lo que desechamos dice algo de nosotros, de lo que pensamos, creemos y hacemos. Observar los residuos que desechamos, reconocer su materialidad y utilidad en nuestras vidas nos puede dar pistas de qué hacer con ellos.

Curiosear si lo que sabemos de la basura es un mito o está fundado en una verdad absoluta puede ayudarnos a reconstruir la historia y transformar el presente para mejorar el futuro, haciendo posible que desde lo individual y hasta lo colectivo podamos accionar. Porque ahí hay elementos que tratan de explicar el origen y la naturaleza del mundo, de los objetos que nadie quiere y que juegan el papel de un ente, que podrían asemejarse a un elemento sobrenatural. La basura conecta identidades colectivas, sentido de pertenencia de la comunidad, narrativas que se transmiten de generación en generación.

Así que si eres de las y los que piensan que la basura no existe, que es un problema que nunca se va a acabar, si no sabes qué hacer con el papel sanitario y los residuos que desechas o incluso si crees que hablar del tema no importa, te invito a que trates de responder primero: ¿Qué es la basura para ti?