No solo porque es la capital del estado y concentra el presupuesto más grande de entre los municipios, sino porque también representa el 30.04 por ciento del electorado estatal -aproximadamente 710,352 votantes-, Hermosillo es considerada la joya de la corona en Sonora… gema que hasta hoy, no forma parte de la corona de Morena.
Hermosillo es el municipio número uno en el estado en cuanto a volumen de votantes se refiere. Supera por mucho a cualquier otra demarcación de la entidad. Para dimensionar su peso político y electoral frente a los municipios que le siguen en importancia dentro de la lista nominal, la distribución del electorado se divide de la siguiente manera: Hermosillo, 30.04 por ciento del electorado estatal, aproximadamente 710,352 votantes; Cajeme, alrededor del 15.5 por ciento de los votantes; Nogales, cerca del 9.8 por ciento de la lista nominal; San Luis Río Colorado, aproximadamente el 7.4 por ciento de la concentración electoral.
El hecho de que la capital sea una ciudad de oposición gobernada por Antonio Astiazarán (PRI-PAN), en un estado pintado de guinda, en donde Morena controla la gubernatura, el Congreso local y la gran mayoría de los municipios, la convierte en la más disputada de la entidad.
Para Morena, ganar Hermosillo es amarrar numéricamente el estado. Para la oposición, perder Hermosillo significaría quedar prácticamente borrados del mapa político, sin alcaldías de peso, sin presupuestos importantes y reducidos a minorías en el Congreso.
Hermosillo funciona como el ejemplo, como la prueba de que una estrategia de coalición unificada, sumada a una gestión enfocada en servicios públicos, como las patrullas eléctricas y la pavimentación, pueden mantener el apoyo ciudadano frente a la 4T.
Conservar el Ayuntamiento de Hermosillo garantiza mantener viva la estructura, liderazgos locales motivados y recursos institucionales legítimos para dar la batalla en todo el estado. Si cae Hermosillo, la estructura de la oposición en Sonora, colapsa por completo.
Históricamente, el presidente municipal de Hermosillo ha tenido que sobrellevar también la carga de la relación institucional, afectuosa y cordial con el gobernador de Sonora, por el simple hecho de compartir el territorio y, ¿a qué rey le gusta dividir su reino?
Relaciones complicadas en Hermosillo, se dieron durante el sexenio de Samuel Ocaña, primero con doña Alicia Arellano y Casimiro Navarro vendría después. Las desavenencias entre el gobernador y la alcaldesa terminaron fracturando la estructura del priismo local. Al concluir el mandato de Alicia Arellano en 1982, el descontento de los priistas y los roces internos debilitaron la candidatura de Enrique Flores López, quien gustaba de regalar rosas en su campaña. El costo político: La pérdida de Hermosillo ante el PAN, con Casimiro Navarro, trienio durante el cual la relación también fue complicada.
Este trienio (1982-1985) es recordado en la memoria política sonorense como uno de los periodos de mayor distanciamiento institucional. Hubo constantes bloqueos de recursos, falta de coordinación en servicios públicos y fricciones severas por el control político de la capital, lo que impidió que Navarro impulsara su agenda en Hermosillo.
Carlos Robles Loustaunau (Alcalde, 1985-1988) y Rodolfo Félix Valdés (Gobernador) a pesar de pertenecer al mismo partido (PRI), mantuvieron una relación ríspida. El mandatario estatal operaba con visión centralizada y tecnócrata, lo que chocaba con el estilo de Robles. La falta de entendimiento político terminó por debilitar al priismo local, abriendo el terreno para que la oposición panista ganara en los seis trienios posteriores, casi 20 años.
Y la historia volvió a repetirse entre el gobernador Eduardo Bours y el alcalde Ernesto Gándara. La llegada de Ernesto Gándara a la alcaldía trajo a escena a un gobernador priista y un alcalde priista que actuaban como si fueran de partidos irreconciliables. Las tensiones entre Bours y ‘El Borrego’ escalaron debido a la lucha por el control de la sucesión gubernamental rumbo a 2009. El “No es mi sayo”, dijo Bours. “A mí ni mi padre me sienta”, dijo Gándara… y ganó Guillermo Padrés.
El actual alcalde Antonio Astiazarán (de la coalición PAN-PRI-PRD) y el gobernador morenista Alfonso Durazo, con sus altas y bajas, han sabido llevar su relación con respeto y civilidad institucional, ambos han tenido la oportunidad de trabajar juntos en el pasado y han dado buenos resultados. Existe entre ambos, respeto mutuo, pero llegada la pasión electoral, ninguna predicción es exacta.
Para el proceso electoral de 2027, habrá cambio relevante para de Hermosillo, entrará en vigor una reducción en el número de integrantes del cabildo, que pasará de 21 a un máximo de 15 regidores. Lo mismo sucederá en los ayuntamientos más poblados del estado como Cajeme, Nogales, San Luis Río Colorado, Guaymas y Navojoa.
Nombres de aspirantes para Hermosillo hay muchos, aunque es innegable que mencionar a Celida López Cárdenas como la candidata de Morena no es cualquier cosa. Su nombre pesa, la antecede el haber pasado recientemente por un exitoso proceso interno dentro de su partido y el haber sido ya, alcaldesa de esa ciudad.
La oposición PRI-PAN no ha dado a conocer mucho, pero hay fuerza en el nombre de la tesorera Flor Ayala. Este fin de semana, a la lista del menguado (después de los movimientos internos) Movimiento Ciudadano de Sonora, se suma el también exalcalde Ernesto Gándara.
En el proceso electoral de Sonora que inició la semana pasada, Hermosillo no es una pieza más en la disputa… es la reina del tablero.