El nivel de alcance económico que tiene un país, entidad o región se mide a partir de diversos factores, que en materia de los indicadores propios de la macro y la microeconomía a veces resulta complicado entenderlos y, sobre todo, evaluarlos. Derivados de la circulación financiera que impacta en el crecimiento o el desarrollo de cierta localidad, se aprecian de manera tangible a partir del poder adquisitivo, en el orden propio de cada una de las actividades económicas que se vuelven características de cada comunidad; haciendo la consecución en la generación de empleos y proporcionar un salario por jornada laboral para quien la desarrolle, e independientemente de la actividad que sea dentro del sector económico que se trate: Primario, secundario o terciario.

El reconocimiento del alza en la economía, que en un discurso político se pudiera vender como positivo, dependerá de la capacidad que experimentará un gran sector de la población en la percepción del “bienestar” que sienta “vivir con lo que se gana”, y que esto permita, en la cadena económica de cierre, que haya alcance en el circulante propio de lo que la economía de una comunidad genere, ya sea en necesidades básicas de compra y de consumo, en el derecho y acceso a la salud pública, que si hay abastecimiento hay menos posibilidad de gasto para el derechohabiente de “a pie” y así, aprovecharlo en la inversión de otros sectores del comercio que contribuyen al crecimiento de esta parte de la economía y que por efecto haya ese retorno de los dineros y siga el fortalecimiento en el sostenimiento del mismo; esto debiera suceder con todo lo que las esferas del gobierno por obligación atendieran de forma puntual y efectiva con sus ciudadanos; ahora sí, que habiendo calidad en la educación pública, además de oportunidad de tener una vivienda digna con financiamiento asequible, y tener el sector salud en orden, como antes se mencionó… por consecución habría forma de invertir en aquello que, como recreación, diversión y esparcimiento, la ciudadanía requiere para “ser feliz”; pero a pesar de que en México en los últimos años ha mejorado considerablemente el valor del trabajo por el establecimiento de la tarifa salarial, pasando del 2018 con un registro de 88.16 pesos diarios por jornada trabajada, en este 2026 la tarifa se encuentra en 315.04 pesos diarios, añadiendo que en la franja fronteriza del país se halla en 440.87 pesos por día trabajado. El incremento es notable y va más allá de tres veces en el aumento con relación a los registros desde el 2018 a la fecha; sin embargo, sería bueno cuestionar si al mexicano con este salario, ¿le alcanzará para todo?, ¿es suficiente para gozar del bienestar que está garantizado constitucionalmente, a través de las gestiones del gobierno? Ahora bien, la respuesta está en la determinación de lo que cada persona, como ciudadana o ciudadano de un país, de un Estado y de un municipio como el nuestro, puede alcanzar en el “goce” o el “disfrute”, de las actividades que te hacen sentir bien y que le permiten salir de lo ordinario de la vida, actividades como ir al cine, salir de paseo a algún paraje local o cercano, acudir a un restaurante a comer o cenar una vez por quincena, asistir a un concierto, ir a un baile o a una feria, salir a un parque de diversiones o algún museo, entre otras; y recalcando en el amplio sentido de las palabras “goce” y “disfrute” como aquello que, por las buenas gestiones del gobierno estatal, federal y local, se hace para gastar menos en lo que ellos estén obligados a proporcionarnos y, que por esto, sobre dinero de las arcas de un sueldo o salario, para restaurar nuestros niveles de estrés semanal, divirtiéndonos en lo que los fines de semana o los periodos de descanso o vacacional, nos permitan.

En este sentido, la variación en los niveles inflacionarios es de mucha consideración hacia lo que significa la verdadera estabilidad económica de un país. Los datos reveladores de este indicador se suman de forma evidente a los datos como aquello que no nos permite “gozar” o “disfrutar” del bienestar; un gobierno podrá proyectar en orden informativo que un país está bien, siempre y cuando haya para todo, para su gente; y esto no significaría el endeudamiento en el que cae una persona que trabaja por un salario “modesto”, con el uso de una tarjeta de crédito que no le permite salir de la deuda adquirida, ya que parte de los “lujos” que alguien con este sueldo, siendo “modesto”, se otorga, en el mexicano promedio, sería gracias a este tipo de productos financieros, que representan ser un negocio bastante generoso para las instituciones financieras, por decir lo más regular en términos de financiamientos, ya que existen otras opciones que, para la obtención de capital para este “goce” y “disfrute” del que se habla, existen empresas dedicadas al otorgamiento de préstamos, por intereses o por empeño, que vienen a sumar, ahora sí que las limitaciones que tiene un empleado promedio para salir de sus deudas, que por irse de vacaciones o darse una vida decorosa en diversión, con su familia, “vale la pena” pagar dicho precio. La tasa inflacionaria de nuestro país oscila entre los 3.94 y los 4.45 puntos porcentuales con tendencia a la baja, en los últimos dos meses, según el Banco de México, pero lo que sí resulta de interés poner en análisis es cómo derivar los gastos fijos o corrientes en el orden doméstico, para que sean parte de un todo en lo que implicaría vivir en plenitud, con una inflación salida de los dos puntos en porcentaje que establece la estabilidad económica con relación al poder adquisitivo y la alza de los precios en el consumo ordinario y de la canasta básica, hasta de lo que hay que abastecer por cuenta propia, cuando el Estado no tiene capacidad para hacerlo.

Desde la población nacional hasta la local, se registra y además se percibe la sensación de felicidad, algo que distingue al mexicano y todavía más al sonorense; ya que, según el Reporte Mundial de la Felicidad 2025, México se halla en el lugar número diez dentro de los países más felices del mundo, destacando más que Estados Unidos y Canadá, y esto no es parte de lo que pudieran decir muchos, en términos materiales y relacionados con el dinero, ya que, como se sabe, hay alrededor de cuatro o cinco generaciones completas, que han aprendido a vivir escuchando la palabra “crisis económica” prácticamente de siempre y que, con todo y las carencias, venidas a causa de un sinfín de problemas de orden político y de la gestión pública, nuestra población ha sabido y ha aprendido a ser feliz y a tener la sensación de bienestar. Solo basta ver la afluencia en la convocatoria a bailes, ferias, festividades y recreaciones de todo tipo, en este municipio o en comunidades aledañas, para ratificar que hay más ganas que dinero. Los indicadores de la felicidad, acorde a este reporte, son que, por encima del poder del dinero, el mexicano siente felicidad si está acompañado, si cuenta con familia o amigos que ayuden a “amortiguar” los malestares de orden emocional o afectivo.

Como población, se debe aprender a estar atentos a lo que pudiera persuadir en el discurso en donde se expone que somos un país que no carece de la sensación de estar en plenitud, ya que en muchas de las ocasiones no se lo debemos a nadie más que a la forma de encarar las crisis que parecieran eternas en un país como el nuestro, que además se distingue por la unión de su gente para sumar todo lo que nos permita aligerar deudas, problemas personales, del trabajo y todo aquello que ponga en riesgo lo que a veces creemos que hace el dinero, aprendiendo a reconocer… que es todo lo contrario.