Gobernar es, esencialmente, administrar recursos, ya sean técnicos, humanos o económicos, pero al final el asunto versa sobre la correcta gestión y aplicación de éstos para solucionar los conflictos que enfrenta la sociedad.
Ergo, el gobierno debe contar con hombres y mujeres probos, ajenos a cualquier canto de sirena o tendencia de caer en corrupción; su prioridad debiera ser el beneficio común y no los insulsos impulsos de satisfacer bajos deseos.
Y aunque esto último es cada vez menos recurrente, no es excusa para hacer de las arcas un festín para insaciables cada sexenio.
Paradójicamente ya sea para el bien hacer como para lo inadecuado, el gobierno debe tener recursos. Y el de Sonora carece de ellos.
Gobernar sin dinero es más difícil e ingrato de lo que parece y Alfonso Durazo puede dar cátedra de ello; recibió un estado en quiebra y endeudado hasta la médula, pero al mismo tiempo incapaz de generar ingresos.
Tras un año en el poder, el gobernador ha demostrado que por voluntad no queda; es notorio que pretende desarrollar a la entidad y brindar al ciudadano un mejor entorno, pero se queda en nada porque, según sus palabras, “no tiene un quinto”.
Pero al mimo tiempo se queda en nada por su parsimonia.
La pobreza presupuestal no sólo te reduce el margen de maniobra, sino que hace aflorar tus peores flaquezas, te desnuda ante los ojos de los otros y de ti mismo, por ello es que el de Sonora asoma como un gobierno empequeñecido.
Uno que no ha logrado gestionar recursos federales constantes y sonantes para salir de sus problemas, todo pese a presumir la cercanía con Palacio Nacional.
Uno que no se atreve, pese a tener mayoría calificada en el Congreso, a proponer una reforma fiscal progresiva estatal que le aporte liquidez.
Uno que se cura en salud al achacar sus males presupuestarios al sexenio anterior, pero que al mismo tiempo no lo llama a cuentas.
El baño de realidad que en los últimos doce meses han recibido Durazo y sus cercanos le obliga a cambiar de estrategia si es que desea destacar realmente en algo durante su segundo año, y comenzar a significarse como el revulsivo que prometió ser en campaña.
@cmtovar