El semiólogo y filósofo italiano Umberto Eco, una de las mentes más prominentes que nacieron el siglo pasado, advirtió desde hace años el regreso de los políticos fascistas, o al menos de aquellos que despiden su tufo mediante ideas que portan con el orgullo de la ignorancia.
Eco detalló que el fascismo volvería con las apariencias más inocentes, incluso con gestos y rasgos de ingenuidad y puerilidad.
Al mismo tiempo describe la tendencia de personajes de caer en el “fascismo eterno”, cuya primera característica es el culto a la tradición, entendida ésta como la verdad total, como una revelación primitiva que no tiene espacio para la duda.
Al hacerlo, estos políticos frenen el avance del saber y exigen que la sociedad se centre en lo que fue y en los elementos emanados de la tradición, surgidos del sincretismo histórico, el cual debiera servir como referente, sí, pero nunca como hoja de ruta.
Con este caudal retórico, los neo fascistas pretenden conectar con el pueblo, mostrarse como defensores de un pasado que desde su óptica es mejor que el presente. Entonces los referentes, todos, viven en el tiempo que ya fue: los ejemplos del buen hacer están en la historia y no en el presente.
Para esto, no importa si caen en el ridículo o mancillan su investidura, de hecho, en no pocas ocasiones actúan con alevosía para mostrarse vulnerables, para dar una imagen que abone a que se creen conceptos de humildad, cercanía y humanismo barato.
Entonces, lo mismo el neo fascista deja sus zapatos sucios, usa ropa deteriorada o aparece despeinado en un acto público, que se cuelga cualquier artículo necesario para formar parte, al menos unos minutos, de cualquier acto tradicional que le garantice un aplauso o que se enjuguen lágrimas en su honor.
Si hay que evocar a los héroes caídos, a los próceres, se hace sin titubear. Si hay que mostrar constantemente que se come en lugares humildes, o que se viaja en vehículos modestos, también.
Todo sea por mantener la idea del elegido, del político que trae consigo toda la carga del pasado que tanto enamora a las sociedades cegadas por el destello de lo vacuo.
El fascista es capaz de todo eso y más con tal de mantenerse en el poder.
@cmtovar