Desde el norte del estado, esta semana comencé a participar en diferentes asambleas municipales sobre los avances de los gobiernos de la Cuarta Transformación. El lunes estuve en Sonoyta y el martes en San Luis Río Colorado; además de haber realizado recorridos casa por casa en Caborca y Puerto Peñasco. En los próximos días, continuaré mi ruta por los municipios sonorenses.

En la reflexión colectiva con los municipios fronterizos, donde participaron liderazgos regionales y personas comprometidas desde los orígenes de nuestro movimiento, coincidimos en que la importancia histórica de la Cuarta Transformación está en la recuperación de la dignidad del ejercicio de la política y del gobierno, sobre todo, gracias a la reivindicación del trabajo en el territorio, el contacto directo con la gente, así como la conversión de las demandas populares en acciones de gobierno.

El presidente Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum han colocado muy alta la vara de cómo debe ser un gobernante humanista: una persona honesta, preocupada y ocupada por atender las necesidades de la gente, que destine los recursos públicos al bienestar social y no a los privilegios de unos cuantos; siendo su logro más importante que 13.4 millones de personas han salido de la pobreza en lo que va de la Cuarta Transformación.

En este sentido, no son extraños los resultados de la ‘Encuesta sobre los Impulsores de la Confianza en Instituciones Públicas’, publicada recientemente por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que reconocen a México como el quinto país donde su población confía más en su gobierno, solo después de Suiza, Islandia, Noruega y Luxemburgo.

El promedio de los países miembros de la OCDE registra 40.1 por ciento de alta confianza o moderadamente alta, mientras que México llega a 53 por ciento en el mismo parámetro, es decir, más de la mitad de las mexicanas y los mexicanos confía mucho en el gobierno que actualmente les representa, superando al conjunto de la OCDE y a países como Australia, Canadá y Dinamarca.

Hace unos meses, todavía como senadora de la República en funciones y presidenta de la Comisión de Minería de esta cámara legislativa, participé en la Reunión Plenaria de la Red Parlamentaria Global de la OCDE, donde dialogué con legisladoras y legisladores de los 38 países que conforman este organismo internacional sobre los avances y los retos de la gobernanza democrática.

Específicamente, hablé acerca del sector minero nacional en el contexto de los minerales críticos. Llamó mi atención el reconocimiento al Plan México como estrategia de desarrollo industrial, lo cual demuestra la inteligencia del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para insertarse en la dinámica económica y comercial global, a través de una política pública que fortalecerá las industrias nacionales, la generación de empleos y el bienestar social.

Estudios como el Latinobarómetro 2024 también destacan el aumento de la confianza social en la democracia mexicana y sus instituciones en los últimos años, a diferencia de la desconfianza que prevaleció durante los gobiernos del PRIAN. El estudio, realizado en el año en que fue electa la presidenta Claudia Sheinbaum, refleja un apoyo de 49 por ciento de la población a la democracia; así mismo, 82 por ciento se siente satisfecho con su calidad de vida y 65 por ciento considera que ha progresado su familia.

Estos resultados no son arte de magia; provienen de gobiernos cercanos a la gente y cuya prioridad ha sido el bienestar social.

Lorenia Iveth Valles Sampedro

Senadora de la República con licencia