El desarrollo económico que se ha gestado en las últimas tres décadas en el mundo ha traído consigo la ruptura de paradigmas de estructura y de funcionalidad en los centros de trabajo, reconstituyendo nuevas formas de administrar, invertir y crecer en el ámbito de las organizaciones. La serie de cambios ante lo que la tecnología otorgó a los procesos de producción, a determinaciones económicas y financieras, a la tecnificación de los métodos y a la “forma” de vender, ha marcado una tendencia hacia las perspectivas de “cómo hacer” que hoy en día, un negocio se establezca, prospere y se mantenga en la vertiginosa competencia comercial.
Son tres los momentos en donde, a partir del siglo XX, hicieron patente el éxito empresarial de alguna marca; el primer momento se da en los primeros 50 años del siglo antes mencionado, donde la producción era lo único que importaba. Con los productos de innovación, el enfoque era “explotar” la marca a través de la colocación del producto que se tratara en el mercado. Posterior a ello, sobrevino la posibilidad de hacer “copias” de dichos productos, donde no solo era un fabricante o industrial el que lo ofertaba, sino varios, y es por ello que el segundo momento llega, para hacer valer a la mercadotecnia, que es lo que da imagen y “rostro” al producto. Se podrían encontrar entonces productos con un “plus” o un “extra” que desde la publicidad persuadían al consumidor para estar en la preferencia del mismo, y de ahí arrancaba la carrera entre las compañías y marcas emblemáticas en el poder comercial de las ventas, propio y característico de la segunda mitad del siglo pasado.
A la llegada del nuevo milenio, la posibilidad del éxito en las marcas, las empresas y las organizaciones hicieron lo suyo en el enfoque a lo que fue la calidad y se fue perfilando a que esta saliera de los esquemas tangibles de los productos y servicios, siendo en gran parte lo que el Modelo Económico Neoliberal echado a andar en los últimos veinte años al cierre del siglo pasado en México, tuvo a bien proponer nuevos enfoques de la cultura hacia lo que era el trabajo, debido a que la entrada de empresas extranjeras a nuestro entorno productivo y laboral, permitió ajustar desde los modelos de negocio, hasta una nueva forma de hacer cultura organizacional.
Por un lado, las certificaciones dieron peso a la proyección de las empresas, perfilando a la excelencia los procesos, marcando la pauta hacia lo que, lejos de ser un protocolo definido por la burocracia, había que establecer medidas de control que pactaran desde el interior de la empresa, la garantía de que al mercado saldría un producto de alta calidad para competir en desarrollo económico global; apareciendo como parte del trabajo la sistematización y el mantenimiento de los procesos, la documentación y la auditoría de los mismos, promoviendo con ello que las marcas se perfilaran hacia la excelencia. Cuando se propone el establecimiento del Parque Industrial de Ciudad Obregón (PICO), como un proyecto de la iniciativa pública y privada, para impulsar la dinámica económica del sur del Estado, en complemento con el sector agrícola, la industria hacia 1980 ya daba espacio a consorcios internacionales que, por inicio, se establecían en esta localidad, y otras que, en convenio de transacción en traspaso o de venta con firmas de otros países, se consolidaron aún más en la promoción de la oferta laboral dentro todos los espacios requeridos, desde puestos operativos, de supervisión y directivos.
Hacia los modelos de hacer negocio, o de trabajar una empresa bajo el esquema tradicional, se va perfeccionando lo propuesto por aquellos “macros organizacionales” en empresas de otros países, empezando a “hacer sentido” en entes económicos locales y nacionales, para perfilar su funcionalidad con parámetros de medición que salen de lo rudimentario e ir planificando de forma clara y puntual, a partir de una estructurada visión para saber qué se quiere alcanzar; en conjunto con una misión para determinar la razón de ser de un negocio, y afianzar el establecimiento de los valores que mueven a la empresa y a su gente, para sentar con todo ello, las bases en el amplio sentido de congruencia en la operatividad de cualquier organismo social, que quiere competir en un entorno global.
Como efecto de esta transformación y evolutiva forma de hacer empresa, el municipio de Cajeme tuvo que fortalecer su infraestructura con base en la accesibilidad de la economía dentro del mercado de exportación e importación; la necesidad de hacer posible una eficiente urbanización en la década de los noventa, y así dar espacio a la posibilidad de ser atractivos para los inversionistas industriales y de todo tipo, fue parte de las decisiones que la estructura gubernamental y la iniciativa privada tuvieron que poner en marcha y funcionó de manera tal, que PepsiCo hizo realidad el fortalecimiento de una empresa que ya estaba constituida en nuestra región, y que es Gamesa, y posteriormente marca la secuencia para el establecimiento de Sabritas, para convertirse en organismos dentro de la industria de la transformación, que dan sostenimiento a la ocupación laboral de nuestra localidad. Además, llegan, por mencionar algunas, Coleman con la propuesta de Autocircuitos de Obregón, S.A., hoy conocida como Yazaki; Congeladora Hortícola, para el cultivo y envasado de vegetales y frutas; HFI, para componentes accesorios de automóviles; ASR, después conocida como Edgewell, para la manufactura de rastrillos para afeitar y recién cerrada para irse a Aguascalientes; también está Sales del Valle, con consolidación y éxito a nivel nacional; Radiall, con la realización de componentes electrónicos aeroespaciales; además de Costellation Brands, que como parte de una expansión de lo que ya se tenía como Cervecería Modelo del Nororeste S.A. de C.V. dan cierto grado de impulso en el desarrollo de nuestra ciudad.
La economía del mundo se mueve a ritmos acelerados, México se vuelve convulso ante la posibilidad de tener al “titan” del comercio mundial, que es Estados Unidos de a lado, y, con ello, la exigencia de tomar decisiones que precisen la estabilidad de los tres sectores de la economía que definen el rumbo de un país que depende, sí, del mercado internacional de forma dual, exportando e importando un sinfín de productos, recursos e insumos que impactan en la dinámica económica de este Estado. La gestión del tiempo es el tercer momento que hoy en día, mueve todas las directrices del éxito empresarial, y ni la iniciativa privada ni las esferas del gobierno pueden perderse a la posibilidad de no ubicar el rumbo sobre lo que es prioritario para Ciudad Obregón y su gente; recuperar esta región no dependerá de las buenas intenciones, pero sí de las acciones que bien se han tomado, pero que aún faltan muchas más por hacer. Así que, ¡manos a la obra!