¿Quién DIJO QUE LA PANDEMIA del COVID-19 nos uniría más a los mexicanos? Yo sé que lo leí en alguna parte o lo escuché de una actriz quien sabe de qué nombre.

Confieso que al principio creía que esto de la unidad nacional era algo factible.

Pero la realidad nos muestra otra cosa. Muchas parejas han visto como el encierro, voluntario u obligatorio ha agrietado la relación matrimonial.

A otros, la crisis económica que viene aparejada con la pandemia, los ha vuelto irritables y ya se perciben brotes de violencia entre personas que ni siquiera se conocían.

Particularmente —y lo voy a decir sin ánimo de ofender a nadie— yo he tenido algunos roces con amigos entrañables, a los que quiero mucho. Platicamos por teléfono con frecuencia. Con algunos, todos los días.

En este obligado ejercicio comunicacional, he descubierto cómo el encierro a todos —o a casi todos— nos ha vuelto malhumorados. En algunos casos se llega al insulto, a la rijosidad. La “prisión” no puede unir más a la gente. Y en esta particular situación, el factor dinero juega un papel devastador.

En muchos hogares falta el dinero hasta para lo más indispensable. Sé de muchos casos donde ya no hay nada que llevar a la mesa hogareña. No hay ingresos para los que viven al día. Si trabajan, hay algo para llevar a casa.

En estos días me pregunto, por ejemplo, ¿cómo le estará yendo a mi amigo el peluquero a cuyo negocio suelo ir cada mes y medio? Él me ha contado que gana para irla pasando pero que en días en que no hay clientes, tiene que pedir prestado.

Lo malo ahora es que nadie tiene para prestar. Con todo, “la vida riela”, como decía el ancestro maestro.

Pues sí, siempre habrá tiempo para salirnos de la claustrofobia que nos produce el confinamiento.

No todo será refunfuñar.

Habemos personas que encontramos en el trabajo de todos los días una incomparable distracción de nuestros miedos, incluso, buscamos el lado chusco de los malos momentos que pasan otros.

Verbigracia: yo no hubiese aguantado que me atizaran en redes sociales por qué cometí un error humano, caray.

Ayer se lo hicieron a JOAQUÍN LÓPEZDÓRIGA. Como muchos saben, este ha sido un principio de año muy malo para él. Primero fue cuando anunció a través de su cuenta de twitter, que un encumbrado empresario, emparentado con CARLOS SLIM, se había convertido en el primer muerto por culpa del coronavirus.

Al día siguiente el excomunicador estrella de Televisa, fue desmentido por la familia del empresario. Era cierto que se encontraba delicado de salud en un hospital pero estaba estable. Joaquín se disculpó públicamente, dijo que se había equivocado y aguantó el chaparrón a pie firme.

Y ahora fue lo de la fase 3.

Anteayer, anunció en un tuitt lo siguiente: “Les confirmo. Mañana será decretada en México la fase 3 por la pandemia de COVID-19”.

Ipso facto, le reviró HUGO LÓPEZ-GATELL, el niño genio de la Cuarta Transformación:

“Estas noticias solo las puedo dar yo. Bendiciones”.

Luego, luego, terció mi amigo DANIEL TRELLES IRURETAGOYENA: “¿Y el primer muerto cómo sigue?”

¡Ah, raza!

Como verá usted, efectivamente, “la vida riela”. Y en ese andar y andar en el tren de la vida, uno va encontrando a su paso cosas buenas y malas. Ya dependerá de uno donde encontramos mayor placer. Cada quien su vida, pues.

En esto de rielar por la cotidianidad de la vida, nadie está exento de caer en errores. Ayer por ejemplo, en estos Rumbos aparecieron un par de gazapos, uno de los cuales, ni siquiera una mujer tan acuciosa e inteligente como doña CUQUITA AMADO DE ARAIZA, hubiese podido detectar.

Apliqué la palabra “arrostrar” en un relato del diputado federal JORGE RUSSO SALIDO. La línea tendría que decir lo siguiente: “Y ha defendido aquello en lo que él ha creído ARROSTRANDO las consecuencias”.

En lugar de esto, apareció “Arrastrando” las consecuencias.

Todos sabemos lo que significa la expresión “arrastras”, pero no muchos saben qué significa la palabra “arrostrar”. Estas son sus acepciones: “Hacer frente a molestias, peligros o penalidades”.

Pero digamos que es una palabra de muy poco uso.

Ni hablar. Pelillos a la mar.

Hubo otro gazapo, que muy probablemente se nos “barrió” aquí en mi refugio de trabajo. Fue una insignificante letra. ¡una sola!, que se agregó a una palabra que definía una expresión más amplia. Esa insignificante letra, me arruinó toda la tarde de ayer.

Son gajes del oficio, especialmente cuando se ejerce el periodismo cotidiano. Nos pasa a todos los que nos dedicamos a este oficio. Y cuando nos ocurre, uno no debe andar repartiendo culpas. Pasó y bueno, no se puede componer lo que ya se llevó el aire y el tiempo. Solo podemos disculparnos y apelar a la compresión generosa de la persona a quien afectó el error.

Esto no es pecata minuta. Esto duele.

Pero sin duda duele muchísimo más el enorme error que cometió la empresa periodística que edita Diario de Chihuahua y Diario de Juárez, cuyo jefe editorial fue “chamaqueado” con una foto donde aparecen varios muertos en la calle cercana a un hospital, que no correspondía a una institución hospitalaria de la capital chihuahuense, sino a la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, donde el COVID-19 ha hecho estragos.

Si yo fuera mal pensado —y lo soy aunque siempre digo que no— diría que la trampa provino del mundo de los chairos y que lo que ocurrió ayer con la mañanera fue una simple coincidencia.

¿Qué fue lo que pasó ayer en Palacio Nacional?

Pasó que, según comentó en su programa matutino CIRO GÓMEZ LEYVA, del área de Comunicación del Gobierno Federal, solicitaron a todos los medios de radio y televisión enlazarse para transmitir la “mañanera” porque el señor presidente AMLO daría un importante anuncio sobre el COVID-19.

¿Y…?

Y pues no hubo nada tan relevante que justificara la cadena nacional con prácticamente todos los medios.

De acuerdo con Ciro, pareciera que la cadena nacional de medio fue para exhibir a los Diarios de Juárez y de Chihuahua.

¿Usted no es mal pensado, caro lector?

Ahí se lo dejo de tarea. Digo, porque a estas alturas ya no sé qué demonios creer y pensar. Estoy cansado de debatir sobre este tema con un muy querido amigo mío. Él fue priísta la mayor parte de su vida. Hoy, dudo que lo siga siendo si bien, hasta donde sé, no ha renunciado a ese partido. Mi amigo es un devoto creyente de la Cuarta Transformación, posición que yo respeto profundamente.

Decía yo que una forma de distracción de nuestros temores, es platicar cada día con los amigos. Yo suelo hacerlo con frecuencia con RAÚL ACOSTA TAPIA. Con JULIÁN LUZANILLA, que se encuentra en Hermosillo. De cuando en cuando, con SERGE ENRÍQUEZ TOLANO. Hace unos días, platiqué con JUAN LEYVA MENDÍVIL y ayer volvimos a charlar por teléfono. Por cierto, tengo previsto contar aquí algunas anécdotas de Juan, de sus años en política, de sus amigos políticos, de sus relaciones al más alto nivel. Esto será mañana, Dios mediante.

Hoy quiero cerrar estos Rumbos, comentando con mis dos que tres lectores, esa “recomendación” del presidente AMLO, a los gobernadores para que no aprovechen la crisis sanitaria para endeudar a sus estados.

¡Gulp!

Es todo.

Le abrazo.

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