AYER TERMINÉ DE LEER EL LIBRO DE ANABEL HERNÁNDEZ. Confieso que, al principio, me resistía a leerlo completo. Quería evitarme el “contagio” del morboso placer de escrudiñar en la vida del narco.
“Para qué, pues”, me decía a mí mismo.
Por otra parte, Anabel Hernández me produce sentimientos encontrados. No me gusta verla en entrevistas televisivas. Como que pierde un mucho de su aura de mujer valerosa que, para desentrañar los secretos del crimen organizado, lo ha sacrificado todo.
Hasta su propio espacio vital. Su tranquilidad. Su paz interior.
Le admiro por su temeridad y su talento para entrar a los huecos del mundo del narco, a donde muy pocos pueden acceder. Y, sobre todo, le admiro por su capacidad para haber sobrevivido a las condenas de muerte que se han ordenado en su contra. Por lo demás, debo decir, con absoluta honestidad, que no me gusta su estilo literario, que sus libros no han sido escritos por una escritora sino por una periodista. Y esto le resta calidad humana.
Pero, bueno, en este caso lo que importa es “la nota”, la información. La verdad de las cosas.
Este libro que acabo de terminar —que hoy por hoy lo que me sobra es tiempo— se titula “El traidor, El diario secreto del hijo del Mayo”.
Naturalmente, se trata del hijo de ISMAEL ‘El Mayo’ ZAMBADA.
Hasta donde estoy enterado, el libro ni tuvo el éxito arrasador que se pensó registraría en las ventas. Es interesante, sí, pero no aporta nada nuevo. Nada realmente espectacular.
Muestra más o menos lo mismo que ya se conoce y tal vez lo más recordable es que revela la fragilidad de las lealtades en el mundo de la criminalidad.
Lo cierto es que atrás quedaron los tiempos en que la vida de los grandes capos del narcotráfico estaba plagada de mitos. No existía la impunidad que hoy es una rutina en este país. De algún modo, los nombres famosos de algunos jefes barones de las drogas, eran vistos por un importante segmento de la sociedad con simpatía.
En aquellos años el narco respetaba reglas que el propio Gobierno le imponía. No existía el narcomenudeo, por tanto, no se registraban ejecuciones todos los días y menos entre mexicanos de bajo perfil económico y cultural.
Los que hacen corrido del narco, lanzaban al aire sus versos cantados sobre los capos más reconocidos.
Hasta ‘Los Tigres del Norte’ lograron varios éxitos en venta de discos con corridos de personajes famosos. Personalmente, recuerdo uno de los productos discográficos de enorme popularidad: ‘El Jefe de Jefes’.
Todo eso se acabó cuando el narcomenudeo empezó a ganar las calles de nuestras ciudades y, en algún momento, los narcos que se enfrentaban entre sí, no eran los grandes capos que inspiraban a los compositores del crimen de primera línea, sino jóvenes tiradores de droga sin posibilidades de hacerse ricos algún día.
Muchachos y muchachas arrancados a los lumpen donde se iniciaron en el consumo de las drogas más destructivas y más baratas. Principalmente el crystal.
A esos infelices peones en la jerarquía del narcotráfico, no les componen corridos cuando son ejecutados.
En este contexto, ¿qué impacto podía haber tenido el nuevo libro de Anabel Hernández?
Alabo a su valentía y su pudor. Pero ciertamente en los últimos años su trabajo no nos ha revelado nada que no conociéramos.
Por lo demás, creo que usted estará de acuerdo conmigo, en que la literatura relacionada con el narco, ha perdido aceptación literaria. Ahí está el caso del libro que, en 2018, causó expectación en Colombia, que luego derivó en desilusión y aburrimiento de los que leen libros: “Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar”.
A un lado, un agregado: “El testimonio de la esposa del narco más poderoso del mundo”.
Leí una parte de este trabajo editado por Editorial Planeta. La verdad sea dicha, no pude terminar de leer lo que a todas luces parecía un relato a modo, en el que se oculta la verdad. Una esposa que busca se reivindicación ante el pueblo colombiano que padeció la pesadilla de un cártel dominado por un psicópata.
La esposa y después viuda, VICTORIA EUGENIA HENAO, no pudo, ni antes ni ahora, justificar el hecho inapelable de haber vivido y compartido una vida con el hombre que ordenó miles de asesinatos y que ordenó poner una bomba en un avión de cuya explosión se perdieron más de 100 vidas.
Ella lo sabía pero siempre supo disimularlo. En todo caso, aun cuando hay testimonios irrefutables de que hubo momentos en que ella le reprochó a su marido lo que hacía, esto no fue óbice para que siguiera disfrutando de la existencia confortable que Pablo Escobar le daba.
El libro se desvaneció y desapareció de las librerías.
Estoy ahora con algo más delirante, aunque me gustaría brincarme a una novela, que es mi rama favorita de la literatura.
Repaso la biografía de Churchill, de ANDREW ROBERTS. De esta obra ya le había platicado hace tiempo. Pero ya sabe usted que me gusta releer libros. Nunca está demás.
Cuando estoy terminando este segmento, en medio de una dolorosa soledad cuyo silencio, en efecto, puede doler, miro hacia una fila de libros acomodados por mi hija Amaranta sobre mi escritorio, y me doy cuenta que los dos tomos que conforman la obra autobiográfica del expresidente JOSÉ LÓPEZ PORTILLO, “Mis tiempos”, luce pálida en los colores de sus grandes letras de portada.
¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde la última vez que le dediqué “una cierta mirada” a los libros de don Pepe? No lo sé. Pero hace mucho tiempo.
En fin, a otra cosa.
DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ
DÉJEME DECIRLO: SE LO HABÍA PROMETIDO PARA el sábado anterior y no le cumplí, caro lector. No por irresponsabilidad sino por imperativos de las actuales circunstancias que a todos constan…
Por hoy, lunes, terminaré estos Rumbos precisamente con el ejercicio aritmético sobre la edad de gran parte del gabinete de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR…
DECÍA YO, PUES, EL OTRO DÍA: ni en los tiempos del presidente ADOLFO RUIZ CORTINES —uno de los mandatarios mexicanos de mayor edad— se registró un gabinete con tantos miembros de lo que hoy se conoce como “la tercera edad”…
En realidad, no se trata solamente del gabinete formal, sino también del ampliado y hasta de algunos de los hombres del presidente, que cumplen —y en algunos casos cumplían— funciones de Estado como apoyo a las políticas públicas del presidente AMLO…
Un caso concreto: PORFIRIO MUÑOZ LEDO, con más de 80 años, fue designado presidente de la Cámara de Diputados, cargo desde el que se confrontó con Morena y hasta con AMLO. Porfirio siempre tuvo razón pero le faltaron fuerzas físicas e intelectuales para defender sus puntos de vista…
MANUEL BARTLETT DÍAZ, director de la CFE, con 82 años de edad. No sirve para el cargo por edad avanzada, esto es un hecho. OCTAVIO ROMERO OROPEZA, tiene 67 años, es de los “chavos” del Gobierno Lópezobradorista; OLGA SÁNCHEZ, secretaria de Gobernación, ronda los 72 años. Tan querida ella, tan inteligente como ministra de la SCJN, pero con un desempeño pésimo en Gobernación. MARCELO EBRARD, el canciller, otro de los “morritos” con 60 años; MIGUEL TORRUCO, de Sectur, con 68 años. ESTEBAN MOCTEZUMA, de la SEP, con 65 años. GERTZ MANERO, el fiscal, con 80 años. ALCOCER, JORGE, con 74 años, el fantasmal secretario de Salud; Y desde luego, el presidente, con casi 67 años…
¿Promedio de edad? Casi 70 años…
Es todo.
Le abrazo.