ANTES DE ENTRAR EN MATERIA, quiero hacer una íntima revelación: tengo a mi lado, sobre el escritorio, un “monstruo” literario llamado simplemente CHURCHILL, La Biografía, del escritor ANDREW ROBERTS. Contiene casi mil 500 páginas y la obra está considerada como la mejor biografía de quien fuera uno de los héroes de la Segunda Guerra Mundial más históricos, no por la grandeza de sus actos, sino por su compleja personalidad, que iba de la ira nunca contenida al llanto a lágrima viva que lo hacía ver como un niño caprichoso.

Churchill era, más que un guerrero, un discurso de estado y de liderazgo con el que pudo hacer que un pueblo postrado en el dolor y en la derrota se levantara con redobladas fuerzas a luchar por la patria sin importar que tuviera que sudar “lágrimas y sangre”.

Sobre este enorme personaje cuyo rostro rubicundo, ocupa toda la portada del libro, he leído semblanzas y biografías no autorizadas.

Ninguna como esta, que no alcanzo a terminarla. Y es que yo tengo una mala costumbre, según los eruditos en el tema: leo y releo un libro y a veces lo leo durante muchos años.

Puedo haber avanzado en la lectura de un libro hasta la página 221, por ejemplo, y de pronto, me regreso a la —por ejemplo, de nuevo— página 98.

No es por otra cosa que porque quiero retrasar la culminación de la lectura.

Me ha pasado con MÁXIMO GORKY, el novelista ruso por excelencia de la revolución de Lenin.

Y con García Márquez. Incluso, más recientemente, leí por segunda vez “La fiesta del chivo”, en mi opinión, la mejor novela de MARIO VARGAS LLOSA. Quizá a mí me lo parezca porque soy un fanático de la novela histórica.

“La fiesta del chivo” está escrita sobre la Presidencia de República Dominicana, de LEÓNICAS RAFAEL TRUJILLO, uno de los más brutales dictadores en la historia de América Latina.

(Creo que nunca se lo he contado a usted, señor mío. Cuando leí “El amor en tiempos del cólera” de GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, me atreví a pensar —solo fue eso, un pensamiento— que esa obra superaba en magia y en fuerza descriptiva, a Cien años de soledad. ¡Y mire que yo amé esta novela, tanto que cuando nació mi hija le puse ¡ELVA AMARANTA! El segundo nombre, fue por uno de los personajes más queridos por los lectores de esa obra de Gabo).

La novela histórica ha sido muy bien recibida por varias generaciones de lectores. La Revolución Mexicana fue un semillero de buenas novelas y malas películas. JUAN RULFO escribió varios cuentos cuya trama se desarrollaba en la Revolución. Y MARIANO AZUELA escribió una historia inmortal: “Los de abajo”. El general FRANCISCO URQUIZO, creó su propia versión del movimiento armado con su novela “Tropa vieja”, y el ya mencionado García Márquez, nos dejó una hermosa herencia con su novela “El general en su laberinto”, en la que despiadadamente desmitifica al superhéroe de los países de Sudamérica, SIMÓN BOLÍVAR.

En esa novela, el colombiano rescata a un personaje casi olvidado de las páginas del bolivarismo venezolano: MANUELA ZAVALA, la amante de Bolívar, la mujer que entregó sus fuerzas, su amor y su devoción al libertador, en sus últimos días enfermo y asediado por sus enemigos. Ella lo levantó del camastro, lo subió a un barco y se fue con él a un destino sin regreso por el Río Magdalena.

Pues sí: esta biografía, la de Churchill, nos muestra la personalidad intrínseca de quienes en mayor o menor medida, lucharon para que este mundo fuera mejor. Si no lo lograron, no fue culpa de ellos.

Por otra parte, Churchill fue el personaje más apasionante y carismático de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, su grandeza y porque su voz y su palabra se impusieron en momentos determinantes en la vida de muchos países. Bien vale la pena meterse en este “monstruo” de mil 500 páginas y leer su vida y su legado.

Caray, me fui de paso.

En fin.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

DÉJEME DECIRLO, CARO LECTOR: es posible que usted haya visto en redes dos muy bonitas y gratificantes fotografías donde aparece el matrimonio integrado por CLAUDIA PAVLOVICH ARELLANO y SERGIO TORRES…

Sinceramente, estas dos gráficas son como bálsamos espirituales para quienes sufren en medio de esta pandemia, para los que no ven la luz al otro lado de túnel. Claudia y Sergio (le dicen sus amigos ‘El Peque’, por su papá) son simples seres humanos. Sienten miedo como todos, e igual que nosotros, esperan que esta tragedia pase…

Por eso, esas fotografías enternecieron a muchos sonorenses…

Incluido yo…

¡Y AGÁRRATE, GENOVEVA, QUÉ VAMOS A GALOPAR! Aquellos escépticos que se rehúsan a aceptar la gravedad de la tragedia, vale más que se convenzan de que estos días que los expertos llaman “el pico del contagio”, cada vez se vuelve más letal, más contundente…

Ahora mismo he leído en redes algunos textos escritos por empleados del IMSS de Ciudad Obregón. Señalan con índice de fuego a esa parte de la sociedad cuya indolencia ha hecho que la pandemia se convierta en una máquina de matar…

Anteanoche una de mis fuentes me reportó la muerte de tres profesionales de la medicina adscritos al IMSS de Cajeme, que fallecieron por el COVID-19…

Y ayer, a media tarde, me mostraron en redes las fotos de algunas de esas personas fallecidas…

Vi la foto de una médica, de un anestesiólogo, de un traumatólogo y de una enfermera…

Con sus nombres y apellidos…

Igualmente, leí un texto aparentemente escrito por uno de los fallecidos antes de enfermar…

Acusa, como digo, a quienes con su actitud indiferente, contribuyeron a que el contagio se vuelva más letal, más rápido…

Después, el alud de mensajes de médicos y enfermeras, solicitando apoyo para hacer mejor su trabajo y salvar más vidas…

Y piden más protección para no sucumbir ante el coronavirus…

Lamentablemente, esa plegaria no parece tener un destino confiable…

No cuentan con el Gobierno Federal porque su líder mayor, está más interesado en sacar adelante sus obras sexenales para no perder el apoyo de los pobres del sureste, que en “blindar” a médicos, a enfermeras y enfermeros, a personal de intendencia, a camilleros, a técnicos y en general, a toda la comunidad del Sector Salud, que están dejando su propia vida en su esfuerzo por salvar la de otros…

A mí me partió el corazón un pequeño escrito de una enfermera: “No somos héroes, somos seres humanos, tenemos miedo, tenemos hijos y padres y hermanos, y nos llena de terror que algo les pase a ellos por nuestra culpa. Pero este es nuestro deber…

Nos indigna que a la sociedad le valga que muera mucha gente”…

Una señora que trabaja en Enfermería, escribió que llegó al Hospital General Número I del IMSS, en Cajeme, muy enojada porque en las calles vio como a tanta gente le tiene sin cuidado lo que está ocurriendo en los hospitales…

POR OTRA PARTE, EL PROFESOR JOSÉ PEDRO MONTAÑO, describe en redes su tristeza por la muerte de su amigo y compañero de grupo, el licenciado LAVEAGA, y recuerda que recientemente falleció VÍCTOR (El Chino) BARRÓN…

Y LUEGO, LOS MUERTOS olvidados de la sociedad, los acribillados, los blancos favoritos de los “Cuernos de Chivo”, que, inocentes o culpables, están siendo asesinados sin que tengan qué preocuparse por la fuerza de la ley y el orden… En Cajeme —respondiendo a la pregunta que aparece en primera plana de TRIBUNA— no hay una corporación policiaca que se haga responsable de la seguridad de los ciudadanos, sean o no criminales…

La Municipal apunta hacia la Estatal y viceversa…

¿La Guardia Nacional?…

Buena pregunta…

Y MAÑANA, DIOS MEDIANTE, un tema interesante sobre CARLOS CABAL PENICHE y si me alcanza, algo sobre el nuevo programa de CARLOS LORET DE MOLA y su fantástico relato sobre ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR y HUGO LÓPEZ-GATELL…

Es todo.

Le abrazo.

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