Ciudad de México.- El 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante entró triunfalmente a la Ciudad de México y con ello culminó la lucha por la Independencia. Después de 11 años de guerra, la antigua Nueva España dejaba de estar bajo el dominio español y comenzaba a construir un nuevo país.
Sin embargo, la independencia política no resolvió de inmediato los problemas que enfrentaba la nueva nación. México heredó una economía afectada por años de guerra, profundas diferencias sociales, instituciones coloniales y fuertes disputas sobre la forma en que debía organizarse el nuevo Estado.
Durante las siguientes décadas, el país cambió varias veces de sistema de gobierno, enfrentó conflictos internos y tuvo guerras con otras naciones. Entre 1821 y 1857 se desarrolló buena parte de la lucha política que definiría al México moderno.
Del Imperio de Iturbide a la República
Después de consumarse la Independencia, México no nació inmediatamente como una república. El primer gobierno fue una Junta Provisional Gubernativa y, posteriormente, se estableció el Primer Imperio Mexicano, encabezado por Agustín de Iturbide, quien fue proclamado emperador en 1822.
El proyecto monárquico tuvo una existencia breve. Las diferencias entre Iturbide y el Congreso, además de la oposición política y militar, provocaron la caída del Imperio. Iturbide abdicó en 1823 y México comenzó a dirigirse hacia un sistema republicano.
El cambio quedó formalizado con la Constitución Federal de 1824, que estableció una república representativa, popular y federal. El territorio quedó organizado en estados y un Distrito Federal, mientras que el catolicismo fue establecido como religión oficial.
El primer presidente constitucional fue Guadalupe Victoria, cuyo gobierno comenzó en 1824. No obstante, la nueva república tuvo dificultades para consolidar instituciones estables. De acuerdo con el INAH, durante las primeras décadas los grupos federalistas y centralistas se enfrentaron constantemente por el control y la organización del país.

México perdió territorios y enfrentó nuevas guerras
La construcción del país también estuvo marcada por conflictos territoriales.
En 1823, las provincias centroamericanas se separaron del territorio mexicano; Chiapas decidió permanecer en México. Posteriormente, Texas se separó en 1836, después de un conflicto armado que enfrentó a los colonos texanos con el gobierno mexicano.
La situación internacional tampoco fue sencilla. España no reconoció oficialmente la independencia mexicana sino hasta 1836 y antes intentó recuperar el control del territorio. En 1829, una expedición española desembarcó en costas de Veracruz, pero fue derrotada por las fuerzas mexicanas.
México también enfrentó en 1838 la llamada Guerra de los Pasteles, conflicto con Francia relacionado con reclamaciones económicas de ciudadanos franceses.
Pero el enfrentamiento internacional que tendría las consecuencias territoriales más profundas fue la guerra entre México y Estados Unidos de 1846 a 1848.
Tras la derrota mexicana, ambos países firmaron el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848. México reconoció la independencia de Texas y cedió a Estados Unidos un amplio territorio que comprendía regiones de los actuales California, Nevada, Utah y partes de Arizona, Nuevo México, Colorado y Wyoming, además de establecerse el río Bravo como frontera con Texas.
Federalistas y centralistas: dos proyectos para México
Mientras ocurrían estos conflictos, dentro del país existía una disputa fundamental: ¿México debía ser una federación de estados con autonomía o un país centralizado desde el gobierno nacional?
La Constitución de 1824 estableció el federalismo, pero en 1835 los centralistas llegaron al poder y modificaron el sistema político.
En 1836 fueron promulgadas las llamadas Siete Leyes, que sustituyeron el sistema federal por uno centralista. Los estados fueron convertidos en departamentos dependientes del gobierno central.
Posteriormente, se promulgaron las Bases Orgánicas de 1843 y México volvió a experimentar cambios en su organización política.
Estos constantes cambios reflejaban una disputa mucho más profunda entre distintos grupos políticos, regionales y sociales. El INAH señala que durante este periodo también existían conflictos por la relación entre el Estado y la Iglesia, así como por el papel del Ejército y los poderes regionales.

La Constitución de 1857 y el nacimiento de otro México
La derrota frente a Estados Unidos no terminó con las disputas políticas. Durante los años siguientes continuaron los enfrentamientos entre conservadores y liberales.
En 1854 comenzó la Revolución de Ayutla, movimiento que terminó con el gobierno de Antonio López de Santa Anna y abrió paso a una nueva generación política, entre cuyos principales representantes se encontraba Benito Juárez.
Los liberales impulsaron reformas destinadas a modificar la relación entre la Iglesia y el Estado, reducir los privilegios corporativos y establecer nuevas bases jurídicas para el país.
El proceso desembocó en la promulgación de la Constitución Federal de 1857, uno de los documentos fundamentales de la historia política mexicana.
Pero la nueva Constitución no puso fin a los conflictos. Su promulgación contribuyó al enfrentamiento entre liberales y conservadores que desembocó en la Guerra de Reforma, mientras que posteriormente México enfrentaría la Intervención Francesa y el Segundo Imperio.
Los años que transformaron a México
Entre 1821 y 1857, México pasó de ser una antigua colonia española a convertirse en una república que todavía estaba definiendo sus instituciones.
En poco más de tres décadas, el país pasó por una monarquía, una república federal y gobiernos centralistas; enfrentó levantamientos internos, problemas económicos, intentos de reconquista española, la separación de Texas y una guerra con Estados Unidos que provocó una enorme pérdida territorial.
Por eso, la Independencia de México no puede entenderse únicamente como el momento en que terminó el dominio español. La consumación de 1821 fue el comienzo de otro proceso: la construcción del Estado mexicano.
La propia cronología del INEHRM sobre el periodo 1821-1854 define esas primeras décadas como una etapa en la que México osciló entre la monarquía constitucional y la república. Después, la Reforma Liberal modificaría nuevamente las bases políticas y jurídicas del país.
Así, los años posteriores a la Independencia fueron determinantes para definir el territorio, las instituciones y el sistema político de México. El país que surgió en 1821 todavía estaba lejos de tener la forma que tendría décadas después, pero los conflictos de ese periodo sentaron buena parte de las bases del México moderno.
Fuente: Tribuna del Yaqui
