Ciudad de México.- Hay una escena que se repite con una frecuencia que debería preocuparnos, advierte Fernando Lelo de Larrea. Una tecnología industrial está probada. La planta piloto funciona. Existe un comprador dispuesto a firmar un contrato de suministro a largo plazo. Los números cierran. Y aun así, en el momento exacto en que el proyecto debe dar el salto del prototipo probado al primer activo comercial, el financiamiento desaparece. No desaparece porque falte dinero. Desaparece porque nadie diseñó el camino para que el dinero llegara.
Durante demasiado tiempo se ha contado esta historia al revés. Se supone que, si un proyecto industrial no se financia, es porque el capital es escaso o porque la tecnología no está lista. En la transición industrial —energía, descarbonización, materiales avanzados, infraestructura— casi nunca es ninguna de las dos cosas. Los activos financieros globales superan los 500 billones de dólares. El costo de la energía solar cayó cerca de 90% en quince años y el de las baterías más de 80% en la última década. La tecnología cruzó el umbral de la viabilidad y el capital sobra. Lo que falta es la estructura que conecta a ambos.
La tesis de Fernando Lelo de Larrea: la brecha no es financiera, es estructural
Dicho planteamiento no es una intuición aislada de Lelo de Larrea. En junio de 2026, Boston Consulting Group y HSBC publicaron un white paper que nombra el problema con una precisión inusual. Lo llaman el missing middle: el hueco entre el capital de riesgo —demasiado pequeño y demasiado caro para financiar plantas industriales— y el capital de infraestructura, que solo entra cuando el riesgo tecnológico ya es cero y existe historial de operación. En medio queda el first-of-a-kind, el primer activo comercial, que no encaja en ningún mandato. Su conclusión es la misma a la que llega Fernando Lelo desde la práctica: el problema no es la disponibilidad de capital, sino la coordinación. Hay, según su análisis, unos 90,000 millones de dólares de dry powder sin desplegar conviviendo con una brecha de financiamiento de 150,000 millones. El capital está sentado a la mesa; lo que no existe es el plano que lo ordena.
Su diagnóstico se resume en una idea incómoda: se siguen usando modelos de capital de riesgo diseñados en 2010 para financiar la infraestructura industrial de 2030.
El costo de capital: la brecha que se agranda en América Latina
Ahora bien, este white paper está pensado para Estados Unidos y Europa. En México y en América Latina el problema no es igual: es peor. Y por una razón concreta que rara vez entra en la conversación pública: el costo de capital. Según la Agencia Internacional de Energía, para un mismo proyecto renovable a escala industrial el costo de capital en un mercado en transición como México puede ser hasta el doble que en una economía avanzada. Esa diferencia no es un matiz financiero. Es la línea que decide qué se construye. Un proyecto solar es más barato que los combustibles fósiles cuando el costo de capital ronda el 7%; por encima del 20%, pierde su competitividad por completo. La misma tecnología, con los mismos números de ingeniería, es bancable en Alemania y se estanca en México. La diferencia no está en la planta. Está en la arquitectura de capital que la sostiene —o en su ausencia.
Arquitectura de capital: el concepto que propone Fernando
A esa disciplina, Lelo de Larrea la llama arquitectura de capital, y a quien la ejerce, arquitecto de capital: el diseño de la vía de financiamiento completa que lleva a una tecnología industrial de frontera del prototipo probado al primer activo comercial. No es una etapa de inversión ni un tipo de fondo. Es el trabajo de ensamblar instrumentos que normalmente no convergen —capital de riesgo, deuda estructurada, project finance, tramos concesionales, banca de desarrollo, contratos de suministro— y secuenciarlos en el tiempo, de modo que cada hito de ingeniería libere el siguiente tramo de capital. Empieza con la estructura, no con la búsqueda de inversionistas. La mayoría de los financiamientos fracasan no porque no encuentren dinero, sino porque salieron a buscarlo con la estructura equivocada.
El superciclo del nearshoring en México
Esto importa en México ahora, y no en abstracto. El nearshoring está reconfigurando las cadenas de suministro de América del Norte y coloca al país en el centro de un superciclo manufacturero que demandará, según distintas estimaciones, del orden de 400,000 millones de dólares en inversión en infraestructura hacia 2032. La demanda existe. La tecnología existe. Lo que escasea no es ni una ni otra: son la energía y el capital correctamente estructurado. Esos son los cuellos de botella que van a decidir cuánto de ese superciclo se queda aquí y cuánto se va a otra parte.
La tentación equivocada
La tentación será resolverlo como siempre: pedir más subsidios, esperar a que llegue un fondo con el cheque exacto, o encargar a la banca de inversión que arme una lista de inversionistas. Ninguna de esas rutas ataca el problema. El subsidio más útil no es el más grande, sino el que convierte una señal de política pública en flujo bancable antes de la decisión de inversión. Y el proyecto de frontera no necesita empezar con una lista de inversionistas: necesita empezar con una estructura, muchas veces una que todavía no existe y que hay que diseñar antes de abrir la ronda.
El white paper de BCG y HSBC propone, para Estados Unidos y Europa, una facilidad de financiamiento dedicada que traduzca el riesgo del primer proyecto en riesgo de infraestructura bancable. Es la dirección correcta. Pero mientras esa infraestructura financiera se construye pensando en el norte, el corredor que va del sur de Europa a México y a América Latina —donde el costo de capital es más alto y la ausencia de estructuras estándar es mayor— corre el riesgo de quedar todavía más expuesto. Ese corredor no necesita esperar a que alguien más diseñe su arquitectura. Necesita construirla.
Porque al final la pregunta no es si el capital global va a financiar la próxima economía industrial. Va a hacerlo. La pregunta es dónde. Y ese “dónde” no lo determinará la tecnología ni la demanda, que ya están de un lado favorable. Lo determinará quién sea capaz de diseñar la arquitectura de capital que convierte un buen proyecto en un activo bancable. El país que la construya capturará el mayor rediseño industrial desde la posguerra. El que la deje sin diseñar verá cómo la misma tecnología que pudo haberse desplegado aquí termina levantándose en otro lado.
Sobre Fernando Lelo de Larrea:
Fernando Lelo es socio fundador de Rumbo. A lo largo de 25 años ha trabajado en todo el stack de capital: financiamiento de proyectos en Protego/Evercore, capital estructurado en Umbral Capital y capital de riesgo como socio cofundador de ALLVP, donde participó en la salida de Cornershop a Uber. Opera entre Madrid y Ciudad de México.
Fuente: Tribuna del Yaqui
