Ciudad de México.- Las películas de catástrofes suelen tomar un peligro real y llevarlo hasta el límite: una infección que se propaga en cuestión de horas, una ciudad que cae en minutos o una amenaza capaz de poner en jaque a toda la humanidad. El problema es que, cuando el espectáculo funciona demasiado bien, resulta fácil confundir lo dramáticamente posible con lo científicamente plausible.
Mito o error 1: ¿una pandemia podría convertir a una población entera en cuestión de horas?
En general, no.
Las películas necesitan que la amenaza avance rápidamente para mantener la tensión. Por eso, una infección que aparece en una ciudad puede convertirse en una emergencia mundial en muy poco tiempo.
En la realidad, la velocidad de propagación depende de numerosos factores: la vía de transmisión, el período de incubación, la cantidad de contactos entre personas, la susceptibilidad de la población y las medidas de control disponibles.
Mito o error 2: ¿Una infección podría provocar un comportamiento como el de los zombis?
Aquí la ficción se separa bastante de la realidad.
Una infección puede afectar el sistema nervioso y producir alteraciones neurológicas, confusión, agitación o cambios de conducta. Existen enfermedades capaces de modificar profundamente el comportamiento de una persona. La rabia, por ejemplo, afecta al sistema nervioso central y puede producir síntomas neurológicos y alteraciones de la conducta.
En Guerra Mundial Z (World War Z), película dirigida por Marc Forster y estrenada en 2013, la amenaza se construye precisamente alrededor de una pandemia que provoca una transformación extremadamente rápida y una propagación global. La película sigue al antiguo investigador de Naciones Unidas Gerry Lane, interpretado por Brad Pitt, mientras intenta comprender el brote y proteger a su familia.
La idea funciona como ficción porque convierte una enfermedad en una amenaza física inmediata. Desde el punto de vista biológico, sin embargo, son mecanismos muy diferentes.
Mito o error 3: ¿un virus podría propagarse por todo el mundo antes de que nadie se dé cuenta?
Es posible que una enfermedad se detecte tarde, pero no necesariamente con la velocidad que muestra el cine.
Uno de los recursos habituales del género es presentar una enfermedad que permanece prácticamente invisible hasta que el número de casos se vuelve enorme. Hay una base real para este recurso: algunas infecciones pueden presentar síntomas leves, inespecíficos o incluso ausencia de síntomas durante determinados períodos, lo que dificulta identificar todos los casos.
Pero detectar una epidemia tampoco depende únicamente de que alguien reconozca al paciente cero. Los sistemas sanitarios recopilan información sobre consultas, hospitalizaciones, fallecimientos y patrones inusuales de enfermedad. Cuando aparece una señal suficientemente anómala, puede comenzar una investigación.
Mito o error 4: ¿Una invasión extraterrestre podría desarrollarse como en las películas?
En este caso, no existe una forma científica de establecer cómo sería una invasión extraterrestre porque no tenemos evidencia de una civilización extraterrestre capaz de llegar a la Tierra y realizar una operación militar.
En La guerra de los mundos, la película de 2005 dirigida por Steven Spielberg, la amenaza llega a la Tierra mediante máquinas de combate extraterrestres y la historia sigue a Ray Ferrier, interpretado por Tom Cruise, mientras intenta proteger a sus hijos durante el caos. La producción también cuenta con Dakota Fanning, Miranda Otto y Tim Robbins en su elenco.
Lo interesante es que Spielberg no construye la historia desde el punto de vista de los gobiernos o de los militares, sino desde el de una familia que intenta sobrevivir. Eso hace que una amenaza gigantesca se perciba a escala humana: carreteras bloqueadas, personas intentando escapar y comunicaciones que dejan de ser confiables.
Mito o error 5: ¿los gobiernos podrían controlar inmediatamente una catástrofe de estas dimensiones?
El cine suele presentar dos extremos: autoridades que parecen tener un plan perfecto desde el primer minuto o instituciones que colapsan por completo.
Ante una emergencia de gran escala, distintos organismos tendrían que recopilar información, establecer prioridades, coordinar recursos y tomar decisiones mientras todavía existen muchas incógnitas. Hospitales, fuerzas de seguridad, autoridades sanitarias, gobiernos locales y organismos nacionales podrían tener responsabilidades diferentes.
Además, una crisis no afecta solamente a quienes están directamente expuestos al peligro. El transporte, el suministro de alimentos, la energía, las comunicaciones y otros servicios esenciales también pueden verse afectados.
La respuesta real, por lo tanto, no dependería de un único héroe descubriendo la solución, sino de miles de decisiones coordinadas y de la capacidad de adaptar las medidas a medida que aparece nueva información.
Mito o error 6: ¿la gente reaccionaría como en una película de catástrofes?
El cine suele concentrarse en escenas de pánico, saqueos y violencia porque son visualmente efectivas. Retratar la decadencia o el caos descontrolado de una sociedad —al estilo del desenfreno y la caída de imperios que explora una cinta como Babylon— resulta muy fascinante para la pantalla grande. Pero ante una emergencia real también aparecen otras conductas: personas que buscan información, familias que intentan mantenerse juntas, profesionales que continúan trabajando y comunidades que organizan formas de ayuda.
Eso no significa que el comportamiento colectivo siempre sea ordenado. El miedo, la incertidumbre y la falta de información pueden generar decisiones impulsivas. Sin embargo, reducir una sociedad entera al caos permanente es más una herramienta narrativa que una descripción científica del comportamiento humano.
Lo que sí es cierto
La parte más verosímil de estas historias no suele ser la invasión ni el monstruo, sino algo mucho más cotidiano: una crisis grande obliga a tomar decisiones con información incompleta.
Las enfermedades infecciosas realmente pueden atravesar fronteras. Las epidemias pueden tensionar los sistemas sanitarios. Las cadenas de suministro pueden verse afectadas y la información puede convertirse en un recurso tan importante como los medicamentos o los alimentos.
También es cierto que la velocidad con la que una amenaza se detecta y se controla depende de la vigilancia, la investigación científica, la capacidad sanitaria y la coordinación entre instituciones.
Por eso, las películas de catástrofes funcionan mejor cuando se las mira como lo que son: experimentos narrativos que toman riesgos reales y los llevan al extremo. Una producción disponible en plataformas como Mercado Play puede mostrar una pandemia capaz de transformar el mundo en cuestión de horas, pero la realidad suele ser menos espectacular y, precisamente por eso, más compleja.
Fuente: Tribuna del Yaqui
