Glendale, Arizona.- Apenas inició el segundo asalto, Regina Tarín caminó hacia el centro del octágono, señaló la lona y retó a JJ Aldrich a intercambiar golpes.

Frente a ella, una veterana con 17 peleas en UFC la veía fijamente. Tarín, con apenas 21 años y en su segundo combate dentro de la empresa, no retrocedió. “Vamos a jugárnosla, vamos a dar show, vamos a pegarnos”, recordó la mexicana sobre el momento. “Quizás me vayan a decir loca, pero a mí me divierte mucho”.

Tarín debutó en UFC en febrero pasado en Ciudad de México, cuando aceptó la pelea con tan solo tres días de anticipación y consiguió una victoria por decisión. Ahora, tras superar a Aldrich, mantiene un récord invicto de 9-0, con cuatro nocauts, dos sumisiones y tres decisiones.

Llegar hasta este punto, sin embargo, ha exigido sacrificios que comenzaron mucho antes de su debut en UFC. “Toda esta historia le pertenece a mi mamá. Si ella no me hubiera apoyado, no estaría aquí. Ella pagaba para que yo peleara y, aunque no tuviéramos dinero, lo hacía, lo lograba”, comentó.

Hubo momentos en los que tuvieron que pedir fiado equipo deportivo. Su madre también dejó de trabajar para acompañarla y costeó los gastos para que pudiera representar a México en un Mundial. Ahora Tarín quiere tomar tantas peleas como sea posible para perseguir otra meta: convertirse en la campeona más joven en la historia de las divisiones femeniles de UFC.

A quienes sueñan con recorrer un camino similar, Regina les dejó un mensaje construido desde su propia experiencia. “El camino nunca es lineal, siempre va a haber altos y bajos, pero eso es lo que lo hace especial. Pónganse una meta, trabajen duro, déjenlo todo”, aseguró.

Y, sobre todo, insistió en la misma fórmula que la llevó hasta UFC. “Los sacrificios son importantes. Déjenlo todo por sus sueños. Y nunca, nunca, nunca se rindan”, finalizó.

Fuente: Tribuna del Yaqui