New York, Estados Unidos.- Hay noches en las que una ciudad deja de ser concreto y acero para convertirse en un solo corazón. El Madison Square Garden fue exactamente eso. Un latido interminable que comenzó horas antes del salto inicial y terminó con miles de aficionados de los Knicks abrazándose como si el tiempo hubiera decidido detenerse por un instante con la victoria 107-106 sobre los San Antonio Spurs en el cuarto partido de las Finales de la NBA.
Solo tuvieron la ventaja dos veces en el juego, justo en el minuto final, y después de remontar una desventaja de 29 puntos en la segunda mitad, fue suficiente para poner la serie a su favor 3-1 y ahora viajarán a San Antonio para terminar el trabajo.
Los Knicks ganaron otro juego en las Finales, pero la verdadera victoria se sintió en las tribunas. En los rostros de quienes llevan décadas esperando un momento así, de los padres que contaron a sus hijos historias de un campeonato que nunca vieron y de los abuelos que aún recuerdan los años dorados como si hubieran ocurrido ayer.

Los jugadores de los Knicks festejan su increíble victoria
Cada canasta fue un grito contenido durante generaciones. Cada defensa, una declaración de orgullo de una franquicia que se niega a renunciar a su historia. Y cuando el reloj llegó a cero, el Garden explotó en una mezcla de lágrimas, sonrisas y celulares levantados para inmortalizar una noche destinada a quedar en la memoria colectiva.
Más allá del marcador, la victoria fue una muestra de resiliencia y de que aún cuando parecían estar en la lona, se levantaron, pelearon y ganaron el partido más importante en 53 años.
Jalen Brunson terminó la emocionante noche con 36 unidades, mientras que Og Anunoby contribuyó con 33 puntos, pero además la canasta de la victoria que puso el marcador definitivo que le dio la ventaja al equipo de la Gran Manzana en la serie titular.
Fuente: Tribuna del Yaqui
