Ciudad de México.- Los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hallaron un posible osario humano durante las labores de rescate arqueológico vinculadas a la construcción del tren de pasajeros hacia Querétaro. Los vestigios podrían fecharse hacia el final del periodo posclásico o en el arranque del periodo de contacto hispano.
¿Qué relevancia destacó la Secretaría de Cultura sobre el hallazgo?
Un posible osario no habla solo de la muerte: abre preguntas sobre cómo las antiguas comunidades de este territorio trataron y recordaron a sus difuntos en una época de cambios profundos.
Los materiales asociados ofrecen pistas de ese encuentro entre distintos momentos históricos; corresponderá al INAH estudiarlos con rigor y explicar qué revelan. Así, una historia que permanecía bajo la ciudad podrá incorporarse al conocimiento de todas y todos”, señaló la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.
Derivado de los trabajos ferroviarios realizados el 17 de septiembre de 2026 cerca de la estación Buenavista en la CDMX, y bajo un proyecto de salvamento arqueológico del INAH coordinado por Víctor Francisco Heredia Guillén, especialistas localizaron un osario a 1.40 metros de profundidad.
El arqueólogo de campo Josué Castillo Sánchez detalló que el depósito funerario carece de relación anatómica y comprende, hasta el momento, nueve osamentas bien conservadas.
Entre los elementos recuperados destacan dos cráneos con modificaciones, cinco mandíbulas y huesos largos como tibias y radios, los mismos que serán analizados próximamente en el Laboratorio de Antropología Física (LAF) para determinar el perfil biológico de los individuos.
El descubrimiento también incluyó material cerámico de uso doméstico adscrito al periodo Azteca III, compuesto por ollas, platos y recipientes dedicados a la recolección de sal en el extinto lago de Texcoco.
¿Qué época y contexto histórico sugieren los restos y la cerámica hallados?
Asimismo, el equipo arqueológico encontró siete malacates miniatura, dos figurillas y herramientas de piedra, destacando fragmentos de metates y navajillas de obsidiana verde, un recurso que apunta a procedencias como los yacimientos hidalguenses de la Sierra de las Navajas.
En conjunto (elementos óseos y cerámica), podrían corresponder a los últimos años del periodo prehispánico y a la época colonial (1535-1821). Esta hipótesis se refuerza con el hecho de que el hallazgo ocurrió dentro de lo que fue el calpulli de Nonoalco, uno de los 19 barrios prehispánicos del islote de Tlatelolco, lo que podría ofrecer información sobre las prácticas funerarias del momento”, refirió el encargado del LAF, José Manuel Cervantes Pérez.
Además, resalta que los restos se situaron cerca de una estructura superior: la iglesia de San Miguel Nonoalco, construida en el siglo XVI, que fungió como capilla de visita por parte de los frailes franciscanos del Convento de Santiago Tlatelolco.
Los restos dan cuenta de prácticas funerarias. Tenemos reportes de que los osarios que se han encontrado en la Ciudad de México están relacionados con el periodo virreinal o, inclusive, con la etapa de contacto, pero también llama la atención que hay material de la época prehispánica”, mencionó Cervantes Pérez.
Osario prehispánico: descifran prácticas funerarias en CDMX
Según explicó la antropóloga física Abril Machain Castillo, responsable de la exhumación, el sitio adquiere la categoría de osario debido a la ausencia de elementos óseos pequeños o irregulares, conservándose principalmente piezas mayores como cráneos y huesos largos.
Detalló que este comportamiento responde a una práctica de reutilización de espacios funerarios, donde los antiguos pobladores exhumaban a los primeros ocupantes para reubicarlos en un depósito secundario.
Tras su registro en el sitio, los vestigios fueron trasladados a los laboratorios especializados del proyecto en Tula de Allende y Tepeji del Río, Hidalgo, para someterlos a procesos de limpieza, restauración, análisis y resguardo definitivo.
Fuente: Tribuna del Yaqui
