Washington, Estados Unidos.- El auge de los chatbots con Inteligencia Artificial (IA) inauguró un nuevo escenario legal en Estados Unidos: charlas privadas con sistemas como ChatGPT ya se utilizan como evidencia en procesos penales y civiles, a pesar de que los usuarios asumían que eran confidenciales. Una investigación de The Washington Post detectó al menos 12 expedientes en los últimos dos años que incorporaron estos registros.
Vacío legal y chats expuestos: Cuando la IA se convierte en prueba judicial
La situación evidencia un conflicto latente entre la adopción masiva de la IA en la vida privada y el vacío normativo que la diferencia del secreto profesional médico o legal. Dicha vulnerabilidad adquiere relevancia a medida que la ciudadanía utiliza estas plataformas para recibir asesoría sobre bienestar emocional, vínculos interpersonales, ámbito laboral o situaciones jurídicas.
Uno de los expedientes señalados por el rotativo estadounidense involucra a un menor identificado judicialmente como R.K.C., que en octubre de 2024 consultó al chatbot con el propósito de comprender un diálogo sostenido con su progenitor. Dentro del material incorporado al proceso, destaca una consulta textual del adolescente sobre qué implicaba la declaración de su padre respecto a un pago compensatorio de un millón de dólares.
Los registros formaron parte de un litigio iniciado en 2023 por el adolescente contra corporaciones tecnológicas como Meta, Snapchat, TikTok y YouTube. La acusación central señalaba a dichas aplicaciones como responsables de generarle una adicción digital y afectaciones psicológicas persistentes.
El rumbo procesal del caso se modificó hacia finales de julio, cuando los abogados del demandante concretaron arreglos extrajudiciales con Snap, TikTok y YouTube, desistiendo de la acción legal contra Meta. Entre los motivos esgrimidos figuró la inquietud sobre la resiliencia del menor ante un juicio de larga duración. En tanto, las empresas involucradas rechazaron rotundamente las acusaciones reportadas por el medio estadounidense.
Para Mike Morgan, socio de la firma legal Morgan & Morgan que defendió al menor, el suceso dejó en evidencia el nivel de intimidad que estos historiales pueden sacar a la luz. El abogado señaló en un testimonio recogido por el periódico que:
Un chico de 15 años es capaz de confesarle a un chatbot cosas que jamás le diría a un terapeuta, a su padre o a un amigo”.
¿Cómo llegan esas conversaciones a los tribunales?
Expertos señalados por The Washington Post indicaron que las conversaciones con asistentes de Inteligencia Artificial suelen contener más contexto que una búsqueda convencional en internet. En lugar de usar una frase breve, el usuario suele aportar antecedentes, emocionales, dudas y detalles de su situación personal, lo que crea un registro más amplio y potencialmente más útil para fiscales, abogados o jueces.
El director de litigios del Fourth Amendment Center de la National Association of Criminal Defense Lawyers, Michael Price, detalló que la diferencia no reside solo en la pregunta puntual, sino en toda la información que acompaña ese intercambio. En su evaluación, esos historiales brindan una ventana al alma por la claridad con la que exponen pensamientos, intención y contexto.
En el ámbito penal, dichos registros suelen incorporarse no por solicitudes directas a las corporaciones tecnológicas, sino mediante la inspección física de los dispositivos móviles de los implicados. De acuerdo con Price, ante la solicitud policial de revisar un equipo durante una detención o interrogatorio, los ciudadanos frecuentemente ceden.
Peligros, crímenes y confesiones
Entre los asuntos de mayor gravedad documentados por el diario estadounidense destaca un suceso en Florida, en el cual OpenAI dio aviso al FBI respecto a una persona que, a partir del mes de marzo, consultaba al chatbot sobre la planeación de un delito de violación y homicidio contra su antigua pareja. Según los informes de la policía, el especificó la estrategia de acecharla junto a su automóvil para ultimarla con un arma de fuego al término de sus actividades deportivas.
La información se turnó a las autoridades del condado de Palm Beach, quienes consiguieron identificar a la afectada y detectaron comunicaciones intimidatorias enviadas de forma anónima por el inculpado tras el rompimiento sentimental. Zhou resultó aprehendido en mayo y enfrentó cargos por persecución y amenazas digitales. Recientemente, se declaró culpable y se le impuso una pena de ocho años bajo régimen de libertad condicional.
En tanto, OpenAI detalló mediante una publicación realizada en abril que implementa tecnologías automatizadas para reconocer patrones de comportamiento peligroso y canalizarlos con evaluadores humanos. Cuando dichos especialistas estiman la existencia de ‘un riesgo real e inminente de daño hacia otras personas’, la organización procede a notificar a las autoridades competentes.
Un expediente adicional consignado por el diario estadounidense se registró en Misuri, a raíz de una investigación contra el universitario Ryan Schaefer por los daños ocasionados a 17 automóviles en el aparcamiento de una institución educativa.
Schaefer autorizó a las fuerzas de seguridad la revisión de su dispositivo móvil, en cuyo registro figuraban consultas realizadas al chatbot durante las primeras horas de los hechos, tales como ‘¿Qué tan grave es mi situación?’ y ‘¿Existe la posibilidad de que identifiquen mi autoría?’. Tras su aprehensión días después, el implicado aceptó su culpabilidad por destrucción patrimonial agravada y obtuvo una condena condicional de cinco años en julio de 2026.
Chatbots actualmente carecen de una salvaguarda legal específica
El problema principal, según especialistas de The Washington Post y el portal de Ohio Cleveland.com, es que las conversaciones con los chatbots hoy no tienen una protección legal especial.
Sam Altman, CEO de OpenAI, planteó el año pasado que haría falta una protección equiparable al secreto médico o legal, dado que un sector cada vez mayor de usuarios confía a la IA dudas delicadas e inquietudes íntimas. Sin embargo, esa postura carece por ahora de sustento judicial. La especialista en derecho probatorio de la Universidad Metodista del Sur, Laura Abelson, señaló que en un terreno sin regulaciones es sumamente difícil que un magistrado otorgue inmunidad a dichos mensajes.
Dicho criterio se materializó en febrero en Nueva York, cuando un juez federal dictaminó que un directivo financiero investigado por fraude no podía bloquear el acceso de la fiscalía a sus charlas con Claude, un modelo de IA de la competencia.
El imputado, Bradley Heppner, había pedido sugerencias sobre posibles tácticas de defensa, pero el juez determinó que el privilegio de confidencialidad cliente-abogado no se extiende a un chatbot. En mayo, Heppner resultó culpable de fraude bursátil y electrónico, entre otros delitos.
Conforme a lo apuntado por Cleveland.com, la proliferación de estos expedientes evidencia que los asistentes virtuales ya integran el material probatorio en los juzgados. A medida que estas tecnologías se arraigan en la cotidianeidad y gestionan mayores volúmenes de datos personales, la probabilidad de que tales registros salgan a la luz en causas penales aumenta en paralelo a su adopción.

De la pantalla al juzgado: Las conversaciones con ChatGPT se consolidan como evidencia legal en Estados Unidos
Fuente: Tribuna del Yaqui
