Uruapan, Michoacán.- La noche del 1 de noviembre, mientrasUruapanse vestía de cempasúchil y copal para celebrar a sus muertos, la violencia escribió su propio epitafio en tiempo real. En pleno corazón del Festival de Velas, una tradición que une a la comunidad en el recuerdo, el alcaldeCarlos Manzofue silenciado a balazos. Sumuerte, ocurrida en el espacio público que juró proteger, no fue solo un homicidio, fue un mensaje brutal que desgarró el tejido social deMichoacány desató una predecible cascada de lamentos oficiales.
Gobernadores, legisladores y hasta la presidentaClaudia Sheinbaumentonaron el conocidas condenas enérgicas, promesas de justicia expedita y un llamado a cerrar filas contra la criminalidad. Sin embargo, en medio de este coro de lamentos protocolarios, una voz se alzó con la crudeza de quien conoce el dolor no por los noticieros, sino por la tierra removida con sus propias manos. Fue la voz deCeci Flores, madre buscadora y activista, quien cuestionó los comunicados oficiales.
A través de sus redes, Flores no pidió justicia, expuso su inutilidad post mortem con dos preguntas que son en sí mismas una denuncia: “¿A las cuántascondolenciasy promesas de justicia dejan de matar a nuestros hijos? Y ¿Con qué ley o policía le van a regresar a su papá a esos dos bebitos que lo vieron morir?”. Sus palabras no eran una simple crítica, sino un hartazgo. Señaló eloportunismode quienes condenan latragediasolo cuando ya es irreversible, subrayando que la verdadera solidaridad se demuestra con acciones preventivas, no con tuits compungidos.
Yo solo tengo 2 preguntas:
¿A las cuantas condolencias y promesas de justicia dejan de matar a nuestros hijos?
Y ¿Con qué ley o policía le van a regresar a su papá a esos dos bebitos que lo vieron morir?https://t.co/GFzSerFttm
— Ceci Flores 6623415616 (@CeciPatriciaF)November 2, 2025
El asesinato de Manzo no fue un hecho fortuito, ocurrió en el Centro Histórico, rodeado de su familia yescoltas, quienes en una reacción desesperada repelieron elataque armado, abatiendo a un agresor y deteniendo a otros dos. La escena, capturada por los teléfonos de los presentes, mostró el crudo contraste entre la agonía del alcalde atendido por paramédicos y la morbosidad de una sociedad acostumbrada a ser espectadora de su propia desgracia.
Lo más trágico es que esta muerte estaba anunciada, pues el propio Carlos Manzo había denunciadoamenazasen su contra y solicitado, en repetidas ocasiones, el apoyo del Gobierno federal. Su petición, como tantas otras, se perdió en el laberinto burocrático, dejando al descubierto una fractura sistémica, las autoridades que hoy prometen justicia son las mismas que, por omisión o incapacidad, no pudieron proteger una vida que ya se sabía en riesgo.
Es momento de unirnos, hasta que seamos tantos que no les alcancen las balas para matarnos a todos.
Ayer dos bebés tuvieron que ver morir a su padre. Carlos Manzo no está aquí por enfrentarse a esa realidad que nos tiene de rodillas.
Nos acostumbraron a la muerte, a las…pic.twitter.com/QN5z3OHcpY
— Ceci Flores 6623415616 (@CeciPatriciaF)November 2, 2025
Como bien señaló Ceci Flores, ningún pésame podrá llenar la silla vacía en la mesa de la familia Manzo, ni explicarle a dos niños por qué las promesas no pudieron salvar a su padre.
Fuente: Tribuna del Yaqui
