Ciudad de México. –En un campamento del noroeste de México,Pedro López Camachorecuerda con voz quebrada cómo sobrevivió a lasinyeccionesque agentes delcártelle ofrecían, pagándole hasta 30 dólares para ser unconejillo de indiashumano. “Observaron cómo ladrogahacía efecto”, relata. “Tomaban fotos, filmaban. Vi morir a muchos aquí”.

Esta práctica, una macabra experimentación, evidencia hasta dónde están dispuestos a llegar loscárteles mexicanospara mantener el control del negocio delfentanilo, unadroga sintéticaque alimenta una epidemia deopioidesen Estados Unidos. Hay que destacar que los relatos de López Camacho y de otros involucrados dan testimonio de una industria tanviolentacomo innovadora, donde la improvisación química y la indiferencia hacia la vida humana y animal son la norma.

uD83DuDDF3uD83DuDCCC ¿CÁRTELES EN LAS UNIVERSIDADES? NEW YORK TIMES REVELA RECLUTAMIENTO DE ESTUDIANTES DE QUÍMICA POR EL CÁRTEL DE SINALOA

El New York Times reveló que el Cártel de Sinaloa está metiendo las manos en las universidades mexicanas para reclutar estudiantes de química.

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— Juan Ortiz uD83DuDDF3?uD83DuDC41?uD83DuDDE8 (@Juan_OrtizMX)December 2, 2024

Las restricciones impuestas por China, principal proveedor deprecursores químicos,han llevado a los cárteles a improvisar peligrosas fórmulas para mantener la producción de fentanilo. Cocineros, como los llaman, mezclan el opioide con anestésicos veterinarios o tranquilizantes como laxilacinapara potenciar sus efectos. Enlaboratorios clandestinos, las pruebas no solo incluyen animales, conejos y gallinas, principalmente, sino también a personas en situación de calle.

Si una gallina tarda más de un minuto y medio en morir, sabemos que el lote es débil y necesitamos ajustarlo”, cuenta un cocinero del cártel de Sinaloa. Esta pragmática crueldad no es casualidad, sino parte de un sistema que calibra la letalidad como un estándar de calidad.

El caos de la producción también se refleja en las calles de Estados Unidos, donde losconsumidoresse enfrentan a un fentanilo cada vez más impredecible. Investigadores estadounidenses han detectado una proliferación de compuestos químicos, un fenómeno que Caleb Banta-Green, experto en adicciones, describe como “el salvaje oeste de la experimentación”.

En México, las condiciones de producción no son mejores. Los cocineros trabajan en condiciones precarias, enfrentándose a la toxicidad de los químicos que manipulan. Muchos enferman gravemente, mientras que otros se vuelvenadictosa su propia mercancía. “No hay descanso, y si lo tomas, los hombres armados te gritan para que sigas”, cuenta uno de ellos.

#ENTREVISTA| Paulina Villegas, reportera de The New York Times en México, aseguró que la información sobre reclutamiento de estudiantes de química por parte de cárteles tiene sustento con testimonios e incluso la SEDENA tiene información al respecto#AzucenaxFórmulapic.twitter.com/TCQml3QLwW

— Azucena Uresti (@azucenau)December 3, 2024

Los cárteles no solo reclutan apersonas vulnerablesen las calles; también buscanestudiantes de químicaque puedan aportar conocimientos técnicos. Sin embargo, los errores no se toleran. Cocineros y ayudantes enfrentan brutales castigos, desde ser encerrados con serpientes y ratas hasta serasesinados.

El cártel no tiene piedad”, admite un joven químico que comenzó a trabajar para pagar deudas. “Sabemos que es un camino sin retorno, pero ¿qué otra opción tenemos?”.

Para los cárteles, la letalidad del fentanilo no es un obstáculo, sino un atractivo. “Uno muere y nacen 10 adictos más”, comenta un alto cargo delcártel de Sinaloa. Este enfoque cínico refleja una industria en la que las muertes de consumidores son vistas como simples externalidades de unnegocio multimillonario.

Incluso entre los mismoscocineros, las justificaciones son pragmáticas. “Si no hubiera tanta gente en Estados Unidos buscando drogarse, no venderíamos nada”, argumenta un productor. “Ellos tienen la culpa, no nosotros”.

Lo cierto es que la proliferación del fentanilo ha dejado un rastro de muerte y adicción en ambos lados de la frontera. Mientras los cárteles perfeccionan sus métodos, comunidades enteras en México sufren el impacto. Los animales de granja, contaminados por las pruebas, son solo un ejemplo de cómo esta industria envenena todo lo que toca.

Para los cocineros, no hay escapatoria. “Aquí no hay jubilación”, sentencia uno de ellos. “Solo hay trabajo y muerte”.

En el fentanilo, los cárteles han encontrado un arma silenciosa y devastadora. Cada dosis que cruza la frontera lleva consigo no solo una letalidad calculada, sino también el eco de vidas rotas en México, desde los indigentes usados como cobayas hasta los mismos fabricantes atrapados en una red deviolenciayadicción. En este oscuro capítulo de la guerra contra las drogas, la humanidad parece haber quedado relegada al último lugar.

Fuente: Tribuna / Información del New York Times