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Peña Nieto: ¿Imparable?
Por Ricardo Alemán
La política es como la casa del jabonero: “el que no cae resbala”
Para algunos llega a la mitad de su Gobierno; para otros, empieza su descenso
Para algunos, la carrera presidencial de Enrique Peña Nieto rumbo al 2012, ya es imparable. Y es que en abono a esa hipótesis, en la mayoría de las encuestas que miden la popularidad y aceptación de los distintos gobernantes del país -y de manera aleatoria de los aventajados aspirantes presidenciales-, colocan precisamente como puntero al gobernador mexiquense, quien aventaja no sólo a mandatarios estatales, a presuntos presidenciables y, por si fuera poco, al mismo Felipe Calderón. ¿Pero es posible asegurar que peña Nieto es imparable?
Está claro que no. Y el mejor ejemplo lo podemos ver en el caso del ex jefe de Gobierno del DF, quien se decía “indestructible”, quien por casi cuatro años aventajó a todos los pretensos presidenciables, pero que al final de cuentas y gracias a descomunales errores políticos, mediáticos y a la ausencia de autocrítica elemental, terminó por ser derrotado. Y claro, habrá quienes justifiquen que Peña Nieto no es López Obrador. Y tendrán razón. Pero también es cierto que en política y en el ejercicio del poder nadie está exento de tropiezos. La política es, según el refranero popular, lo más parecido a “la casa del jabonero”. Es decir, “el que no cae resbala”.
Pero para empezar por el principio, debemos buscar el origen de la popularidad y la aceptación de Enrique Peña Nieto, ya que hasta antes de convertirse en el candidato presidencial del PRI al gobierno mexiquense -hace apenas cuatro años-, era un perfecto desconocido no sólo para una buena parte del electorado mexiquense, sino para todo el país. En realidad Peña Nieto saltó a la palestra política precisamente cuando se convirtió en candidato al segundo Gobierno más poderoso política y económicamente hablando del país; luego del GDF.
En el fondo el “fenómeno Peña Nieto” es un proyecto político construido no sólo para consolidar a los herederos del poderoso Grupo Atlacomulco, sino para empujar desde el Estado de México el regreso del PRI al poder presidencial. Pero la popularidad de Peña Nieto y la aceptación que tiene entre amplios sectores sociales no es sólo producto de una personalidad que -en términos de marketing-, “resulta amigable y mueve simpatías”, sino que detrás del gobernador mexiquense se mueve una potente y costosa estrategia mediática que lo ha llevado, literalmente, a los cuernos de la luna. Gracias a esa estrategia mediática -en Televisa y otros medios-, Enrique Peña Nieto aparece hasta en la sopa.
Sin embargo, para el más aventajado presidenciable, no todo son buenas noticias. Y es que la ventaja que coloca a Peña Nieto como puntero entre los potenciales presidenciables es, al mismo tiempo, un potente imán para atraer adversarios, enemigos, conflictos y, por si fuera poco, lo coloca en la mira como el adversario a vencer. Peña Nieto, como en su momento ocurrió con Roberto Madrazo, concita ya una suerte de “todos unidos contra Peña”. Por lo pronto, entre amarillos y azules -del PAN y PRD-, el gobernador mexiquense es el presidenciable que está en la mira, al que por todos los flancos pretenden detener.
Incluso se sabe que la dirigencia panista de Germán Martínez afina la puntería contra el gobernador mexiquense, a cuya administración los azules pronto acusarán de, entre otras cosas, puntear en criminalidad, violencia, feminicidios y corrupción, entre otras lindezas. Y esa guerra podría empezar hoy mismo en el Congreso local, donde Peña Nieto rendirá su tercer informe de Gobierno, en medio de una impensable pluralidad -el Congreso tiene una composición de diputados casi idéntica entre PRI, PAN y PRD, en tanto que azules y amarillos gobiernan los municipios de mayor concentración poblacional y derrama económica-, y de una saludable apertura en la entrega del informe, que tiene previsto que el mandatario estatal sea interrogado directamente por los diputados locales, quienes además tienen derecho a réplica.
Para algunos, Peña Nieto llega a la mitad de su Gobierno, en tanto que otros señalan que empieza el descenso del Gobierno mexiquense. Como se quiera ver, lo cierto es que al tiempo que Peña Nieto sigue como puntero entre los presidenciables -y ante la posibilidad de seguir creciendo en la aceptación-, entrará a la segunda mitad de su gestión y con ello al umbral de “puntero a derribar”. Es decir, los adversarios dentro y fuera del PRI intensificarán los embates contra Peña Nieto, buscarán todo lo que sirva para derribarlo, colocarán trampas y zancadillas y empezará la guerra sucesoria.
En la memoria de muchos está aún fresco el escándalo que por enriquecimiento inexplicable derribó las ambiciones presidenciales del también gobernador mexiquense, Arturo Montiel, cuyo fantasma persigue a Enrique Peña Nieto.
En el camino
No, las citas textuales de AMLO y de Heberto Castillo que hicimos en el Itinerario Político de ayer no salieron del imaginario. Se localizan, respectivamente, en La Jornada del 3 de junio de 1996 y el semanario Proceso número 1023, del 10 de junio de 1996.
aleman2@prodigy.net.mx
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